EE UU eleva la presión sobre Israel para una tregua y la población huye de Ráfah
Jefes de la CIA y el Mosad se citan en El Cairo con delegados de Catar y Egipto


Publicado el 14/02/2024 a las 08:07
Al inicio de la guerra, Nahla Jarwan huyó de su ciudad, Al-Maghazi, para escapar de los bombardeos israelíes. Se refugió con su familia en el sur de la Franja, en Ráfah, paso fronterizo con Egipto. El final del camino. Ahora, Benjamín Netanyahu, primer ministro hebreo, ha planificado la invasión terrestre de este enclave. Y Nahla Jarwan, que de nuevo está bajo las bombas, ha decidido volver, como otros refugiados, a su casa, a las ruinas que de ella quedarán. “Nos vamos por miedo, aunque sé que vaya donde vaya, no hay ningún lugar seguro”, lamenta. Así, sin esperanza, ni comida, ni medicamentos, están 1,4 millones de palestinos en Ráfah, que de refugio ha pasado a ratonera.
Su única esperanza está al otro lado de una frontera que Egipto ya ha blindado. En la capital de este país que actúa como mediador en busca de una tregua se han reunido los máximos responsables de los servicios secretos de Israel y Estados Unidos. El presidente de EE UU, Joe Biden, dijo el lunes que trabaja a fondo para lograr un acuerdo entre Israel y Hamás. Quiere un alto el fuego de seis semanas. “El elemento clave de esta negociación está ya sobre la mesa”, desveló. Busca un canje de rehenes hebreos (aún quedan 134) por presos palestinos. Biden cree, además, que parar mes y medio la guerra proporcionaría tiempo para sellar un acuerdo definitivo y poner fin a un conflicto que se acerca a los 29.000 muertos.
Netanyahu, en cambio, tiene prisa por conquistar Ráfah. Argumenta que allí están los últimos batallones de Hamás, la organización que con los ataques del 7 de octubre que causaron 1.200 fallecidos en granjas hebreas ha puesto en cuestión al propio primer ministro israelí.
Ese día no fue capaz de proteger a su pueblo como había prometido. Por eso, necesita acabar con Hamás. Pero en el camino han caído miles de víctimas civiles en la Franja de Gaza y la presión internacional acorrala a Israel. La ONU ya ha dicho que no participará en ninguna operación de desplazamiento masivo y forzoso de la población de Ráfah. Karim Khan, fiscal jefe de la Corte Penal Internacional, ha dejado entrever que el Gobierno hebreo podría ser procesado por “crímenes de guerra”.
En ese ambiente cargado por las bombas israelíes y el miedo de los habitantes de Ráfah, ha comenzado una cita en El Cairo que puede ser clave.
Además de representantes de Catar y de altos funcionarios egipcios, en ese encuentro están el jefe de la CIA (Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos), William Burns, y el máximo responsable del Mosad (servicio de espionaje de Israel), David Barnea.
ACABAR CON LA SANGRÍA
Los dos países son viejos aliados, pero EE UU quiere que termine la sangría de civiles palestinos y urge un alto el fuego. Que Israel haya mandado a El Cairo a un personaje con el peso de Barnea puede suponer un gesto hacia la distensión. En estos cuatro meses de guerra, sólo durante una semana de noviembre hubo tregua. Entonces fueron liberados 105 rehenes israelíes.
Esta reunión llega justo después de la que mantuvieron Joe Biden y el rey Abdulá II de Jordania, que, como ellos dicen, “son buenos amigos”. Aun así y pese a que los dos abogaron por la tregua y por la salvaguarda de los civiles de Gaza, cada uno puso el foco en un punto distinto. El presidente estadounidense dio prioridad al rescate de los rehenes israelíes mientras Abdulá alertó sobre la “catástrofe humanitaria” que supondría un ataque terrestre sobre Ráfah.
“La situación es ya insostenible para el más de millón de personas que han sido empujadas hasta la frontera. No podemos quedarnos mirando y dejar que continúe. Necesitamos un alto el fuego duradero. Esta guerra tiene que terminar”, pidió.
La UNRWA augura un “desastre” si se desmantela la organización
En plena ofensiva israelí y con el 80% de la población huyendo de sus hogares, la Agencia de Naciones Unidas para la población refugiada de Palestina (UNRWA) cumple una labor fundamental en la Franja de Gaza. Sin embargo, su trabajo ha quedado empañado por las acusaciones de Israel, que asegura que la agencia está “totalmente infiltrada por Hamás” y que doce de sus empleados destinados en Gaza participaron en los ataques del 7 de octubre. Ante el “cataclismo” humanitario que vive la región, el jefe de la UNRWA, Philippe Lazzarini, aseguró ayer que desmantelar la agencia sería “un desastre” y matizó que ya hay una investigación interna en marcha.
Tras una reunión en las oficinas de la ONU en Ginebra, Lazzarini negó que sea posible evacuar a los cientos de miles de palestinos que se encuentran en el sur de la Franja, cerca del paso de Ráafah, ante un ataque israelí “a gran escala”. “Ya no hay ningún lugar seguro”, reconoció y añadió que Israel “les han pedido que se vayan, la pregunta es a dónde”. Y lo mismo se preguntó el lunes el jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell: “¿Evacuarlos a dónde?, ¿a la luna?”, lanzó. También el lunes, el dirigente de UNRWA ya avanzó que no tiene intención de dejar su cargo. “No, no tengo intención de dimitir”, subrayó y aseguró que espera que la Unión Europea (UE) mantenga el apoyo económico a su agencia, dada la “catástrofe humanitaria” que se vive en Gaza.
Lazzarini señaló que “el miedo” a las futuras decisiones del Gobierno israelí en torno a su ofensiva en Gaza se ha instalado en la población palestina. La UNRWA también se ha visto afectada por la ofensiva israelí. “Más de 150 de nuestras instalaciones han sido atacadas”, denunció Lazzarini, quien exigió una investigación al respecto. Defendió, además, que ninguna otra ONG puede llevar a cabo el trabajo que la agencia hace en la Franja.