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Tribunal Supremo

Biden dice estar preparado para la suspensión del aborto en EE UU

La filtración de un borrador con la opinión mayoritaria del ala conservadora del tribunal anticipa un auténtico terremoto político y social

Ampliar Partidarios y detractores del aborto se encararon ante la sede del Tribunal Supremo de Washington
Partidarios y detractores del aborto se encararon ante la sede del Tribunal Supremo de WashingtonEvely Hockstein/ Reuters
Publicado el 04/05/2022 a las 07:56
Para aquellas mujeres atormentadas por un embarazo indeseado que se despertaron este martes sobresaltadas por la noticia de que el Tribunal Supremo ha ilegalizado el aborto en Estados Unidos, la directora de la organización Planned Parenthood tenía un mensaje que podía sonar surrealista: “El aborto sigue siendo legal en este país, pero la ventana se está cerrando”.
No se refería a las 23 semanas de gestación que contempla la sentencia Roe versus Wade, con la que en 1973 se legalizó en todo el país el derecho a interrumpir el embarazo, sino al momento de junio próximo en el que el Supremo decida formalizar la sentencia filtrada el lunes a través de la web Político. Nunca en la historia del máximo tribunal federal se había producido una filtración semejante, pero tampoco había habido un fallo que retrocediese de forma tan fundamental los derechos de las mujeres. Presuntamente algún empleado del Supremo pensó que esta filtración es la última oportunidad de frenar el seísmo que se avecina.
El juez en jefe de dicho órgano, John Roberts, tardó más de doce horas en admitir la legitimidad del documento que, insistió, no es la opinión definitiva del tribunal. Lo hizo con un comunicado furibundo en el que anunciaba el comienzo de una investigación para esclarecer la “traición” con la que alguien intenta minar la “integridad” de su trabajo al que, advirtió, “no le afectará en modo alguno” la filtración ni la indignación popular. Su reacción a la “atroz ruptura de confianza” no era nada para la que se produjo en las calles.
Desde que se conoció la noticia a las 8:30 de la noche del lunes, hora local, las mujeres de Washington DC se echaron a las calles en dirección al edificio que alberga al tribunal para gritar furiosamente en sus escalinatas. Lejos de amainar las protestas, al amanecer llegaron más mujeres. Entre ellas se encontraba, desgañitándose, la senadora Elizabeth Warren. “He vivido cuando el aborto era ilegal y las mujeres se jugaban la vida”, entonó, “¡y estoy aquí para deciros que no vamos a volver a eso!”, prometió.
En 1973 los abortos clandestinos representaban el 17% de las muertes relacionadas con el embarazo y eso era ya una disminución sustancial de lo que ocurría antes de que 17 estados lo permitiesen. Según un estudio de la Universidad de Princeton, en los años 50 el aborto era la principal causa de mortalidad de las mujeres embarazadas.
CUESTIÓN DE SALUD PÚBLICA
Las mujeres pudientes viajaban a Nueva York o California para tenerlos de forma segura en una clínica limpia, pero ocho de cada diez mujeres de bajos ingresos intentaban interrumpirse el embarazo ellas mismas con toda clase de objetos punzantes e hierbas desgarradoras.
Hoy, sin embargo, mueren más mujeres durante el parto. El aborto no es solo una cuestión moral o política sino una de salud pública que, a partir de julio, afectará al menos a los 80 millones de mujeres estadounidenses que viven en 13 estados donde se ilegalizará automáticamente tan pronto como el Supremo formalice el fallo filtrado y los que lo limitan severamente. Otros siete estados tienen preparadas las leyes y probablemente habrá más que se apresuren en las próximas semanas.
El Partido Republicano gobierna en 28 estados, pero los demócratas tendrán que defender en noviembre 16 de los 22 Gobiernos que controla. El Supremo no podía haberle pasado mejor acicate político para movilizar a sus bases, aunque sean las mujeres las que paguen el precio.
Joe Biden ya prometió durante la campaña que si durante su mandato el tribunal invalidaba la sentencia Roe versus Wade enviaría una propuesta de ley al Congreso para proteger ese derecho con la legislación apropiada. Este martes, en un comunicado oficial, reiteró que su Gobierno “está listo” para actuar, porque poco después de la polémica ley de Texas que limita el aborto a 15 semanas de gestación y criminaliza a los médicos ya encargó a su Consejo de Políticas de Igualdad que preparase la respuesta para lo que pudiera fallar el Supremo en los casos que tenía sobre la mesa.
La preocupación del presidente estadounidense es que el tribunal no acabe ahí, sino que vaya a por otros derechos fundamentales que no vea afianzados en la tradición del país, como los anticonceptivos o los matrimonios homosexuales. La responsabilidad recaerá “en los votantes”, advirtió, que en noviembre tendrán en sus manos renovar el Congreso y un tercio del Senado.

‘Roe vs Wade’, la base de una legislación de medio siglo

El caso judicial Roe contra Wade es el germen de una de ley del aborto pionera en el mundo. El 22 de enero de 1973 la Corte Suprema de los Estados Unidos otorgaba cobertura legal a una mujer embarazada que quisiera interrumpir su embarazo sin muchas restricciones gubernamentales. Lo consideraba parte de su libertad como ciudadana dentro de otro derecho, el de la privacidad, protegido por la Décimocuarta enmienda.
El fallo de la Corte Suprema afectó a leyes de 46 estados. Y surgió de una denuncia presentada dos años antes (1971) por una mujer, Norma McCorvey (identificada en documentos judiciales como Jane Roe), contra el fiscal del distrito del Condado de Dallas (Henry Wade). Este había activado una ley de Texas que prohibía expresamente abortar salvo en una excepción: que estuviera en peligro la vida de la madre.
En 2003 comenzó el proceso judicial en la dirección opuesta, con una moción ante el Tribunal de Distrito de Dallas pidiendo la anulación del caso. Se presentaron un millar de declaraciones juradas de mujeres que se arrepentían de haber abortado.
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