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Obama sobrevive al bajón de popularidad y a un debate para olvidar (2012)

Obama sobrevive al bajón de popularidad y a un debate para olvidar (2012)

El presidente evitó que su paso por la Casa Blanca pasara a la historia como un fracaso al lograr la reelección, si bien lo hizo con menos votos y por menos diferencia que en su victoria de 2008

01/11/2020 a las 06:00

FICHA
Elección presidencial:
quincuagésima séptima
Fecha: 6 de noviembre de 2012
Votantes: 129.085.410
Estados: 51 (50 estados y el Distrito de Columbia)
Colegio electoral: 538 votos (270 necesarios)
Barack Obama: votos populares, 65.915.795; votos electorales, 332
Mitt Rommey: votos populares, 60.933.504; votos electorales, 206                                                                                                         

La ilusión generada por Barack Obama antes de su elección no se correspondió con hechos durante su primer mandato. Las expectativas, quizá, se habían elevado en demasía y el contexto, además, era complicado: la crisis económica golpeó con fuerza en 2008 y sus efectos se prolongaron durante los siguientes años. El presidente se vio con las manos atadas para realizar reformas profundas y, aun así, impulsó algunas de calado relativo pero significativas en sectores como la sanidad, el sistema financiero, los consumidores y las fuerzas armadas. También, por supuesto, incidió en la economía, con dos programas de estímulo aprobados en 2009 (American Recovery and Reinvestment Act) y 2010 (Tax Relief, Unemployment Insurance Reauthorization, and Job Creation Act). Y en cuanto a la política exterior, firmó un tratado de control de armas con Rusia (New START), pero al mismo tiempo asumió decisiones contundentes, un poco en la línea de los presidentes Republicanos, como cuando dio luz verde a la operación para capturar a Osama bin Laden (ver “La lupa”), que terminó con la muerte del líder de Al Qaeda, o impulsó los ataques sobre Libia. Teniendo todo esto en cuenta, si Obama no se hubiera puesto el listón tan alto en los comicios de 2008, su primer mandato hubiera sido mayoritariamente calificado de notable; sin embargo, la sensación que dejó en los estadounidenses se acercaba más a un aprobado poco brillante.

Dentro del Partido Demócrata eran conscientes de esta percepción. Obama había hecho lo suficiente como para optar a la reelección; sin embargo, las encuestas apuntaban a que su popularidad había disminuido y los comicios de 2012 serían competidos. Un aspirante ambicioso podía haber desafiado al presidente, pero le iba a resultar complicado encontrar argumentos con los que derrotar a Obama en el proceso de nominación: presentarse como candidato del cambio no tenía cabida, porque ese ya lo era Obama; criticar las decisiones de la Administración tampoco, dado que solo beneficiaría a los Republicanos; y jugar la baza de haber sido un prestigioso gestor en puestos de relevancia quizá solo estaba al alcance de Al Gore, pero su tiempo ya había quedado atrás. Así, Obama no tuvo competencia y fue elegido candidato del Partido Demócrata sin sufrir desgaste. Para dar algo de picante a la convención nacional, se fantaseó con la posibilidad de que Obama sustituyera a su compañero de cartel y contara con Hillary Clinton en lugar de Joe Biden. No obstante, esto no ocurrió y se mantuvo el dúo Obama-Biden de las elecciones de 2008.

Los Republicanos sí tuvieron un proceso de primarias interesante. John McCain, derrotado cuatro años antes, no quiso probar suerte de nuevo, pero no faltaron aspirantes de postín. Uno de los más relevantes fue Newt Gingrich, antiguo Presidente de la Cámara de Representantes y arquitecto del gran triunfo de su partido en las elecciones al Congreso en 1994, del que se habló en el reportaje correspondiente a la segunda victoria de Bill Clinton. De todos modos, Gingrich había dejado pasar demasiados años desde aquel momento de gloria (casi dos décadas) y no era el favorito en las apuestas: le aventajaba Mitt Romney, gobernador de Massachusetts. Este había trabajado a lo largo de toda la legislatura en su futuro asalto a la Casa Blanca y se había ganado el favor de la mayoría de hombres fuertes del partido. También se postularon, con ciertas garantías de éxito, el senador Rick Santorum y el congresista Ron Paul. La competición se abrió sin un dominador claro: en Iowa, venció Santorum; en New Hampshire, Romney; y en Carolina del Sur, Gingrich. Las tres primeras citas tuvieron así tres ganadores diferentes. Sin embargo, Romney dio un puñetazo en la mesa con su victoria en Florida, tomó la delantera y ya no la abandonó hasta asegurarse la nominación el 5 de junio.

En la campaña, Romney criticó los gastos derivados de los programas sociales -especialmente, del sanitario que había impulsado Obama-, y abogó por una política de frugalidad y equilibrio presupuestario para salir de la crisis. El presidente, por su parte, se limitó a defender su actuación, pero no fue capaz de presentar un programa seductor, lo cual era un indicio de que cuatro años en la Casa Blanca le habían hecho ser muy consciente de las limitaciones con las que había que lidiar. En cuanto a la política exterior, el enfrentamiento fue de trazo grueso y cortoplacista, con el terrorismo internacional, Irak, Irán y los asuntos en boga en aquel momento como principales focos de desencuentro.

Los sondeos apuntaban a una ligera ventaja de Obama cuando se entró en la fase decisiva de la campaña. Los cuatro debates programados -tres presidenciales y uno entre los aspirantes a la vicepresidencia, Joe Biden y Paul Ryan- se presentaban como hitos decisivos en el horizonte. El primero, celebrado el 3 de octubre y dedicado a la política interior, se convirtió con 67 millones de espectadores en el más visto desde 1980. Romney barrió a Obama. Según una encuesta de Gallup, el 72% de los televidentes dieron por ganador del duelo al candidato Republicano, lo que era el mayor margen registrado hasta entonces por esta consultora en un debate presidencial. El presidente se había mostrado taciturno, parco en ideas y diametralmente alejado del joven de arrolladora energía de 2008.

El segundo debate dio un respiro a Obama, entre otras cosas porque no tuvo que comparecer él, sino su vicepresidente, Joe Biden. Tanto este como Ryan ofrecieron una imagen positiva, pero para los Demócratas ya era todo un triunfo impedir que sus rivales pudieran explotar el mal desempeño de Obama en el primero; al hacerlo, además, rompieron la tendencia alcista del dúo Romney-Ryan. En el tercero, centrado tanto en la política interior como en el panorama internacional, Obama pudo acreditar ciertos éxitos de su Administración, se recompuso del revés anterior y se mostró más convincente que Romney. El cuarto, monográfico sobre la política exterior, confirmó que en ese campo el dominio le correspondía al presidente y certificó la recuperación de la iniciativa del dúo Demócrata.

Superado el susto del primer debate, Obama encaró la cita electoral con garantías de éxito. De hecho, se impuso en el voto popular con más del 51% de los votos y también logró una mayoría respetable en el Colegio Electoral; no obstante, una muestra del desgaste sufrido por su figura fue que respecto a 2008 perdió cuatro millones de sufragios. Nadie había logrado la reelección perdiendo votos por el camino desde Franklin Delano Roosevelt en 1994. La “muralla azul”, el bloque de estados que apoyó incondicionalmente a los Demócratas durante la última década del siglo XX y las primeras del XXI, resultó clave para su victoria.

Este resultado confirmó que Obama no había llegado a la Casa Blanca para abrir una nueva era en la política estadounidense. Agotaría sus ocho años a los que podía aspirar, pero tras su marcha las espadas estarían en todo lo alto: Republicanos y Demócratas comenzaron la campaña de 2016 prácticamente desde antes de que el presidente jurara el cargo por segunda vez.

La lupa: la muerte de Osama bin Laden

Uno de los episodios más críticos del primer mandato de Barack Obama fue la “Operación Lanza de Neptuno”, que culminó con la muerte del enemigo número uno de Estados Unidos, Osama bin Laden. El propio Obama dio luz verde a la misión, cuyo objetivo inicial era capturar -y no matar- al líder de Al Qaeda, en una de las decisiones más controvertidas de su primer mandato.

Estados Unidos le había perdido la pista a Bin Laden en el montaraz este de Afganistán, una zona especialmente intrincada entre Kabul y las estribaciones del Hindu-Kush. La invasión realizada contra ese país para derribar al régimen talibán no había servido para cercar y atrapar a Bin Laden, aunque hubo destacamentos -las famosas “task force”- que estuvieron a punto de conseguirlo. Años después, en 2011, informes de inteligencia lo situaban en la vecina Pakistán, así que, a lo largo de la primavera, Obama reunió al Consejo de Seguridad Nacional para evaluar la posibilidad de realizar una incursión relámpago y capturarlo. Finalmente, el 29 de abril, el presidente ordenó que se pusiera en marcha la misión.

Unidades de élite del “SEAL Team Six”, con apoyo de agentes de la CIA, se encargaron de infiltrarse en el norte del territorio pakistaní. Su objetivo era la ciudad de Abbottabad, un antiguo puesto militar británico convertido en uno de los principales enclaves culturales del actual Pakistán. Cerca de allí, en una casa fortificada, se encontraba Bin Laden acompañado de algunos familiares y un pequeño contingente de seguridad. El 2 de mayo, los soldados fueron conducidos al lugar en helicóptero y en poco más de media hora lograron entrar en la casa, llegar hasta el líder de Al Qaeda y matarlo de dos disparos. En la acción murieron otras cuatro personas, entre ellas un hermano y un hijo de Bin Laden, y también su esposa.

La muerte del responsable intelectual del 11-S fue anunciada el 2 de mayo por parte de las autoridades pakistaníes y, esa misma noche, el presidente Obama confirmó la veracidad de estas informaciones, mientras centenares de estadounidenses salían a las calles a celebrarlo, especialmente en lugares emblemáticos como la Zona Cero. Durante los siguientes días y semanas se conocieron más detalles, como que el cuerpo de Bin Laden había sido arrojado al mar una vez certificada su identidad gracias al ADN, pero otros puntos tardaron años en esclarecerse, si es que alguna vez lo hicieron: por ejemplo, en febrero de 2013, el soldado Robert O'Neil relató que él había sido el autor de los dos disparos que acabaron con la vida de Bin Laden, si bien sus palabras siguen sujetas a controversia todavía en nuestros días. La miríada de contradicciones en las que incurrió la Administración Obama generaron un clima de sospecha alrededor de todo el asunto, lo que, unido a las protestas internacionales por la falta de ética e incluso por la posible ilegalidad del operativo, arrebató al presidente la posibilidad de presentar como un éxito de su gestión el fin del hombre más odiado en Estados Unidos.

Glosario

"SUPER PACs": las elecciones de 2012 establecieron nuevos récords de financiación, con un total combinado entre los dos candidatos principales superior a los 2.000 millones de dólares. Este hito se pudo lograr debido a la contribución de los “Super PACs”, nombre que designa a los lobbys que pueden recibir donaciones sin límite legal.

El paso de los simples PACs (Comités de Acción Política), sujetos a limitaciones, a los Super PACs se produjo gracias a dos decisiones judiciales de 2010 surgidas a raíz de las demandas de Ciudadanos Unidos y SpeechNow.org contra la Comisión de Elecciones Federales. La Corte Suprema, en votaciones apretadas, consideró que la Primera Enmienda de la Constitución ampara el derecho a destinar a una campaña el dinero que se considere oportuno como una muestra más de libertad de expresión.

Para que una organización pueda ser considerada un Comité de Acción Política debe recibir subvenciones o tener gastos superiores a los mil dólares, todo ello con el fin de influir en las elecciones.

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