Activar Notificaciones

×

Su navegador tiene las notificaciones bloqueadas. Para obtener mas informacion sobre como desbloquear las notificaciones pulse sobre el enlace de mas abajo.

Como desbloquear las notificaciones.

La toma de Atlanta, llave del triunfo de Lincoln (1864)

La toma de Atlanta, llave del triunfo de Lincoln (1864)

El presidente Lincoln se sentía derrotado y creía que solo una resonante victoria militar le valdría para ser reelegido; entonces Sherman tomó Atlanta, la Unión gritó de júbilo y Lincoln derrotó a McClellan

24/09/2020 a las 06:00

Ficha:
Elección presidencial: Vigésima
Fecha: 8 de noviembre de 1864
Votantes: 4.031.887
Estados: 25
Colegio electoral: 233 votos (117 necesarios)
Abraham Lincoln: votos populares, 2.218.388. Votos electorales, 212
George B. McClellan: votos populares, 1.812.807. Votos electorales, 21                                                                                                                                              

 

Si en el reportaje anterior vimos que las elecciones de 1860 resultaron trascendentales por su resultado, las de 1864 fueron igualmente importantes -o quizá más- y solo por el hecho mismo de celebrarse. El país estaba en medio de una guerra civil de final incierto todavía y el presidente albergaba serios y fundados temores de salir derrotado de los comicios. Solo con que hubiera faltado una pizca de respeto por la democracia, la cita se podía haber pospuesto. Excusas sobraban. Sin embargo, Abraham Lincoln se lo negó a sí mismo y regaló a su país una duradera vacuna contra los tejemanejes cortoplacistas, los regates en corto, los atajos y otros recursos tan políticos como poco democráticos.

La “renuncia” de Lincoln adquiere un doble valor si se tiene en cuenta que durante buena parte del año 64 parecía llevar las de perder en las votaciones. Y que él intuía que su derrota no solo habría de implicar la pérdida del sillón presidencial, sino que muy posiblemente la dirección de la guerra giraría 180 grados, deslizándose hacia una paz pactada. De hecho, supondría retrasar el reloj cuatro años para volver al punto de partida anterior al conflicto: es decir, a unos Estados Unidos fracturados por la mitad.

Entonces, el general William T. Sherman tomó Atlanta tras meses de asedio. El verano estaba ya muy avanzado y durante meses la Unión no había recibido buenas noticias de los campos de batallas. Es cierto que la Confederación había perdido la iniciativa, y sus tímidas ofensivas eran más bien incursiones de diversión que grandes expediciones invasoras -como las de los tiempos de Antietam o Gettysburg-, pero cuando en el Norte se supo que las barras y estrellas ondeaban en Atlanta hubo un estallido de júbilo. Lincoln podía soñar con la reelección.

Para entonces, las cartas ya estaban sobre la mesa. El Partido Republicano se había fusionado con miembros del Partido Demócrata que apostaban por continuar la guerra y había formado el Partido de la Unión Nacional. Este había elegido como candidato a Lincoln en la primera votación.

El resto del Partido Demócrata estaba formado por los partidarios de firmar la paz casi a cualquier precio (los conocidos como “Copperheads”, ver Glosario). Estos habían cruzado el ecuador del año 1864 confiados en imponerse en los comicios. Sabían que su rival sería Lincoln y para medirse a él recurrieron a su “némesis”: el general George B. McClellan.

McClellan había sido la estrella emergente al inicio de la guerra. Por sus méritos en batalla, y su capacidad de amplificarlos mediante estrategias muy cercanas al márketing, logró que se le pusiera a cargo del Ejército del Potomac, el más importante de la Unión. Sin embargo, cuando se enfrentó a desafíos de envergadura, vaciló al principio, remoloneó después, inventó excusas y desoyó las directrices de Lincoln hasta ganarse su enemistad. Al final, el presidente terminó relevándole, lo que afianzó una antipatía mutua y una rivalidad pública que podía ser explotada en una campaña electoral.

No obstante, a Lincoln le había surgido otro rival más peligroso todavía. Era John C. Frémont, veterano de la Guerra Estados Unidos-México y antiguo candidato del Partido Republicano a la presidencia en las elecciones de 1856. Ahora, Frémont reaparecía como cabeza de cartel de una nueva formación que había nacido como escisión del Partido Republicano y que exigía a Lincoln más mano dura contra los territorios de la Confederación que habían sido ocupados por los ejércitos del norte. Se trataba del Partido Republicano Radical.

La pinza entre Frémont y McClellan quitaba el sueño a Lincoln y con razón. Uno podía quitarle votos; el otro, la victoria. No obstante, todo cambió con la toma de Atlanta. Frémont y el Partido Republicano Radical se dieron cuenta de que valía la pena apoyar a Lincoln: la guerra podría continuar y, una vez se lograra la rendición del enemigo y la unidad del país fuera restablecida, llegaría el momento de pasarle factura al Sur por su sedición y al presidente Lincoln por su política de reconstrucción. Retiraron la candidatura y se integraron en el Partido de la Unión Nacional.

Al final, Lincoln y McClellan volvieron a enfrentarse. Esta vez no solo de un modo dialéctico, sino con las urnas de por medio. Y ganó Lincoln con el 55% del voto popular. En cuanto al voto electoral, el que cuenta realmente, la victoria fue apabullante: 22 estados a 3. Solo participaron 25 estados, porque los 11 de la Confederación quedaron excluidos.

Desde 1832, ningún presidente había alcanzado la reelección. Lincoln lo logró y la guerra continuó lo suficiente hasta que el general confederado Robert E. Lee se rindió en abril de 1865. El país volvió a ser uno. Sin embargo, el arquitecto de la reunificación no llegó a vivir ni siquiera una semana de paz: a los seis días del fin de la contienda, mientras asistía a una representación en el teatro Ford de Washington D.C, fue asesinado. Curiosamente, su ejecutor celebró la acción con el grito “Sic semper tyrannis” (“así siempre a los tiranos”, en latín), que parece poco apropiado para referirse a quien, en medio de la tormenta, se sometió al juicio del voto en lugar de haberlo demorado para su propio provecho. Y, por suerte para las generaciones futuras, brindó a la historia el ejemplo de sus actos.

La lupa: Lincoln y el discurso de Gettysburg

Gettysburg fue el escenario de una de las batallas más famosas de la Guerra de Secesión. El ejército Federal logró frenar el avance de las tropas confederadas y les infligió graves pérdidas en el verano de 1863. A partir de entonces, la marea del conflicto cambió a favor de la Unión. Cuatro meses después, el presidente Lincoln pronunció en aquel lugar el que se considera su discurso más famoso. Fue una alocución breve, de apenas 300 palabras, la más corta de las que se pronunciaron en aquella jornada, pero sin duda la más brillante y trascendente. No en vano, ha tenido una influencia notable en la política estadounidense desde entonces, especialmente por su llamamiento a la reconstrucción de la unidad, la lucha por la “libertad” y “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”.

El contenido íntegro del discurso es el siguiente:

“Hace ochenta y siete años, nuestros padres hicieron nacer en este continente una nueva nación concebida en la libertad y consagrada en el principio de que todas las personas son creadas iguales.

Ahora estamos empeñados en una gran guerra civil que pone a prueba si esta nación, o cualquier nación así concebida y así consagrada, puede perdurar en el tiempo. Estamos reunidos en un gran campo de batalla de esa guerra. Hemos venido a consagrar una porción de ese campo como lugar de último descanso para aquellos que dieron aquí sus vidas para que esta nación pudiera vivir. Es absolutamente correcto y apropiado que hagamos tal cosa.

Pero, en un sentido más amplio, nosotros no podemos dedicar, no podemos consagrar, no podemos santificar este terreno. Los valientes hombres, vivos y muertos, que lucharon aquí ya lo han consagrado, muy por encima de lo que nuestras pobres facultades podrían añadir o restar. El mundo apenas advertirá y no recordará por mucho tiempo lo que aquí digamos, pero nunca podrá olvidar lo que ellos hicieron aquí. Somos, más bien, nosotros, los vivos, quienes debemos consagrarnos aquí a la tarea inconclusa que los que aquí lucharon hicieron avanzar tanto y tan noblemente. Somos más bien los vivos los que debemos consagrarnos aquí a la gran tarea que aún resta ante nosotros: que de estos muertos a los que honramos tomemos una devoción incrementada a la causa por la que ellos dieron la última medida colmada de celo. Que resolvamos aquí firmemente que estos muertos no habrán dado su vida en vano. Que esta nación, Dios mediante, tendrá un nuevo nacimiento de libertad. Y que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no desaparecerá de la Tierra”.

Glosario:

COPPERHEADS”: Los miembros de la facción del Partido Demócrata que abogaban por que la Unión firmara la paz con la Confederación y pusiera fin a la guerra recibieron el nombre de los Copperheads. El origen de este apelativo es incierto, si bien para los Republicanos tenía una connotación negativa ("copperhead" hace referencia a la serpiente cabeza de cobre, que habita en Norteamérica), mientras que para los Demócratas partidarios de la paz simbolizaba el deseo de libertad.

Otra facción del Partido Demócrata se mostraba a favor de proseguir con la guerra hasta conseguir la reunificación y acabó integrándose junto a los Republicanos en una coalición, el Partido de la Unión Nacional, que contó con Lincoln como cabeza de cartel en las elecciones de 1864.

 

 

Te puede interesar

Te puede interesar

Te puede interesar


Comentarios
Te recomendamos que antes de comentar, leas las normas de participación de Diario de Navarra

volver arriba
Continuar

Hemos detectado que tienes en Diario de Navarra.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, por favor o suscríbete para disfrutar SIN PUBLICIDAD de la mejor información, además de todas las ventajas exclusivas por ser suscriptor.

SUSCRÍBETE