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Van Buren contra el póker de candidatos del Partido Whig (1836)

Van Buren contra el póker de candidatos del Partido Whig (1836)

Los Demócratas conservaron la Casa Blanca gracias, en buena parte, a la incapacidad de sus oponentes de presentar un frente único

15/09/2020 a las 06:00

FICHA
Elección presidencial: decimotercera
Fecha: 3 de noviembre al 7 de diciembre de 1836
Votantes: 1.503.534
Estados: 26
Colegio electoral: 294 votos (148 necesarios)
Martin Van Buren: votos, 764,176. Votos electorales: 170
William H. Harrison: votos, 550,816. Votos electorales: 73
Hugh L. White: votos, 146,107. Votos electorales: 26
Daniel Webster: votos, 41,201. Votos electorales: 14
Willie P. Mangum: 
votos, -. Votos electorales: 11                                                                                                                                                         

Desde los dos mandatos del popular, socarrón y un tanto burdo Andrew Jackson, que abarcaron entre 1828 y 1836, hasta la llegada a la Casa Blanca del archiconocido Abraham Lincoln en 1860, desfilaron por el sillón presidencial una serie de políticos de perfil bajo y que, por diferentes circunstancias, solo gobernaron durante una legislatura cada uno. Pero no hay que dejarse llevar por las apariencias. Aunque los nombres de estos presidentes (o sus caras, que podemos ver en la galería de la parte superior del reportaje) nos resulten menos conocidos, la época de la que fueron protagonistas es una de las más trascendentes para Estados Unidos. En ella surgió la rivalidad entre los dos partidos que han llegado hasta hoy como los dos grandes dominadores de la esfera política del país -el Demócrata y el Republicano- y, más importante aún, se coció a fuego lento un enfrentamiento ideológico, geográfico y social que desembocó en la guerra civil (1861-1865). Vivirlo paso a paso, comprendiendo las causas y sorprendiéndonos con sus peculiaridades, promete ser un viaje apasionante. 

La primera parada nos deja en el andén de las despedidas, en 1836. Decimos adiós a Andrew Jackson, que decepcionó a los críticos que le acusaban de pretender ser más monarca que presidente y decidió no optar a un tercer mandato. Y también aparcamos al Partido Republicano Nacional. Vapuleado por los Demócratas en las elecciones de 1832 y acosado por el crecimiento del Partido Antimasónico, comprendió que carecía de los apoyos suficientes para ganar en las urnas y que se exponía a que una tercera fuerza le arrebatara el espacio político. Sus principales representantes, Henry Clay y John Quincy Adams, conservaban un reconocido prestigio y no estaban dispuestos a desperdiciarlo en una formación a la deriva. Atrajeron a diferentes personalidades y cargos públicos que, por una y otra razón, se habían posicionado en contra de la Administración: partidarios del banco central o de la anulación de los aranceles en su mayoría, a los que había que sumar los que recelaban del centralismo presidencialista del "rey" Jackson. Y consiguieron, incluso, que al nuevo proyecto se incorporara el Partido Antimasónico. Así, en 1834, nació el Partido Whig, que tomaba el nombre de su gemelo inglés. No está clara la razón que les llevó a adoptar esta denominación, pero se especula con que quizá pretendieron que los votantes asociaran a los Demócratas con los rivales de los "whigs" en Gran Bretaña, los "tories", que gozaban de una reconocida antipatía en Estados Unidos desde los viejos tiempos de la Revolución Americana.

El segundo mandato de Jackson siguió la senda establecida en el primero: se mantuvo la presión contra las indios -acompañada por un mayoritario respaldo popular- y no hubo ninguna concesión a Carolina del Sur y su reclamación en contra de los aranceles. Cuando desde aquel estado llegaron cantos de sirena que hablaban de la posibilidad de una secesión, Jackson amenazó con emplear la mano dura. Para demostrar que no iba de farol se dotó de la llamada Ley de la fuerza, la cual le permitía emplear al ejército para hacer cumplir los designios de Washington en todos los rincones del país. Por otra parte, el presidente también ajustó cuentas con uno de sus antiguos enemigos, el banco nacional, que fue rematado con el expeditivo método de despojarle de sus reservas y esparcirlas por los diferentes bancos de los estados.

Pero en el periodo 1832-1836 comenzó a acaparar la agenda política un asunto especialmente espinoso: la dicotomía entre abolicionismo y esclavitud. Las posturas se alejaban año tras año. Y una insurrección de esclavos en Virginia, la conocida como "Rebelión de Nat Turner", exacerbó los ánimos. Los esclavistas acusaban a los abolicionistas de alentar estos estallidos violentos, mientras que muchos neutrales se escandalizaron por la violencia con la que fue reprimido el levantamiento. La distancia entre unos y otros se ampliaba a marchas forzadas y pronto lo haría hasta un punto de no retorno.

En este contexto, la entrada de nuevos estados en la Unión era un tema sensible. De hecho, ya lo había sido en 1820, cuando se firmó el Compromiso de Missouri, pero desde entonces no se habían producido nuevas adhesiones. En 1836 se aceptó el ingreso de Arkansas -esclavista-, pero como reacción se hizo lo propio con el norteño y libre Michigan, que se convirtió en el vigésimo sexto estado. Ambos participaron en las elecciones de 1836 y así se mantuvo el equilibrio en el Senado con trece estados esclavistas y trece libres (cada estado disponía de dos senadores).

En mayo de 1835, los Demócratas celebraron su convención nacional en Baltimore -otra vez- para elegir al candidato que sucedería a Jackson. Éste apostó por el vicepresidente, Martin van Buren, un político de origen holandés que en la legislatura anterior había destacado por su papel como secretario de Estado durante el escándalo Eaton (un resonante triángulo amoroso que había dividido a las mujeres de los miembros del Gabinete de Jackson y, por tanto, también a sus maridos). El partido, como no podía ser de otra manera, no osó contradecir el designio de Jackson y secundó la nominación de Van Buren.

El Partido Whig, como un "frankestein" de reciente creación que era, no consiguió presentar un frente único. Ni siquiera pudo organizar una convención nacional y diferentes estados alentaron a sus propios candidatos. Henry Clay y John Quincy Adams calcularon que tenían poco que ganar y decidieron guardarse esta bala para una futura ocasión. Otros, con menos que perder y mucho más que ganar, darían el paso al frente. Candidatos, precisamente, no iban a faltar. El general William Henry Harrison, veterano de la Batalla de Tippecanoe, fue propuesto por Pensilvania; Nueva Inglaterra eligió a Daniel Webster, un destacado activista contrario a la anulación del arancel (aparece en la imagen de cabecera, durante uno de sus famosos debates); del Oeste surgió el nombre de Hugh Lawson White, mientras que quienes se oponían a los aranceles apostaron por Willie P. Mangum. Un partido y cuatro cabezas de cartel: la combinación no resultaba muy halagüeña.

De hecho, con este panorama la victoria de Van Buren en cuanto al voto popular no corría peligro. Eso sí, su elección no se podía dar por sentada. Él mismo era un hombre de origen holandés, de Nueva York, inteligente y refinado, pero sin un ápice del magnetismo de su predecesor. Y en el caso de que perdiera el número de estados suficientes, podría quedar por debajo de la mayoría simple en el Colegio Electoral. Llegados a ese punto, tendría que someterse a la "elección contingente" por parte de la Cámara de Representantes... y eso podía resultar tan incierto como jugar a la ruleta. Por suerte para Van Buren, la estrategia del Partido Whig no funcionó. Entre tres de sus cuatro candidatos lograron casi tantos sufragios como Van Buren (739.795 frente a 765.483), pero este ganó en quince de los veintiséis estados, sumó 170 votos electorales y sobrepasó el corte (148) para obtener la mayoría. Se aseguró así, con amplio margen, la presidencia.

La pugna por la vicepresidencia resultó más cerrada y tuvo que ser sometida a la votación del Senado. Richard Johnson y Francis Granger, los dos más votados, optaron al puesto. Ganó Johnson por 33 votos a 16 en la única ocasión en la historia de Estados Unidos en las que una "elección contingente" ha sido necesaria para designar al ocupante del segundo cargo más importante del país.

La lupa: El Álamo y la independencia de Texas

En virtud del Tratado Adams-Onís, que protagonizó la sección “La lupa” en el reportaje correspondiente a las elecciones de 1820, Estados Unidos había renunciado a reclamar Texas. A cambio había recibido de España los territorios de Florida y derechos en el futuro Oregón. Sin embargo, en apenas una década aquel acuerdo se había convertido en papel mojado: entre 1820 y 1830, miles de inmigrantes estadounidenses (acompañados por sus esclavos) se habían trasladado a esas áridas tierras y desde 1821 el territorio había pasado a pertenecer al recién independizado México.

El presidente Andrew Jackson intentó hacer con México lo que Jefferson había logrado de Francia. Si éste pudo comprar la gigantesca Luisiana en 1803, quizá aquel podría hacer lo mismo con Texas. Pero ofreció solo cinco millones de dólares y México no aceptó.

Los inmigrantes estadounidenses estaban descontentos con el gobierno mexicano, principalmente porque había abolido la esclavitud en 1831. Y México tampoco veía con buenos ojos que la ola de extranjeros asentados en Texas hubiera dejado en minoría a la población mexicana del lugar.

El conflicto se fraguó a fuego lento hasta que, en 1835, México promulgó una constitución centralista (las Siete Leyes), que ampliaba los poderes del presidente, Antonio López de Santa Anna. Una revuelta en el estado de Zacatecas y, sobre todo, la posterior represión por parte del ejército de Santa Anna convencieron a los inmigrantes estadounidenses de que la única salida era la guerra. Así, en octubre de 1835, comenzó la Revolución de Texas.

En febrero de 1836, tropas mexicanas pusieron bajo asedio una capilla convertida en una rudimentaria fortaleza, llamada El Álamo y situada cerca de San Antonio Béjar. Los defensores, unos pocos centenares, estaban en una inferioridad de 5 a 1. Sin embargo, se las arreglaron para resistir durante trece días hasta que el fuerte fue tomado al asalto.

Días después, un emigrante ilustre, el exgobernador de Tennesse Sam Houston, proclamó la independencia de Texas. En abril, en la batalla de San Jacinto, apeló al recuerdo de El Álamo y enardeció así a sus hombres. Estos lograron una sorprendente y devastadora victoria frente al ejército mexicano, Santa Anna fue tomado prisionero y para recobrar su libertad ordenó a sus soldados que se retiraran. Jackson aprovechó la ocasión para reconocer la independencia de Texas y las protestas de México no sirvieron para nada. Nueve años después, Estados Unidos se anexionó formalmente el país de la “Bandera de la Estrella Solitaria”.

GLOSARIO:

"ELECTORES DESLEALES": En el sistema político de Estados Unidos, la elección del presidente no depende del voto popular del electorado sino, indirectamente, de los sufragios de los miembros del Colegio Electoral. La composición de esta institución sí se ve determinada -en la actualidad- por los votos populares de los diferentes estados, pero sus miembros, una vez elegidos, son libres de votar por el candidato que prefieran. Al menos esto es así según las leyes federales, aunque los estados se han dotado de mecanismos legales para obstaculizarlo. Los electores, no obstante, acostumbran a prometer previamente que votarán por un candidato determinado y lo habitual es que respeten su palabra, aunque en contadas ocasiones se ha dado el caso de que tomaran una opción diferente: a los que lo hacen se les conoce como "electores desleales".

En las elecciones de 1836, los 23 electores de Virginia se abstuvieron de cumplir con su compromiso y votar a Richard M. Johnson, candidato demócrata a la vicepresidencia, lo que le impidió alcanzar la mayoría simple. Como hemos visto en el cuerpo principal del reportaje, Johnson tuvo que someterse a la "elección contingente" por parte del Senado (algo que ocurría por primera vez para designar a un vicepresidente y que nunca se volvería a repetir), la cual consiguió ganar.

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