Fotos de una carbonera en Viloria, valle de Lana
Publicado el 12/09/2023 a las 16:30
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1/11En Viloria, en las faldas de la abrupta y vertiginosa sierra de Lokiz, todavía huele a carbón. Ese olor a leña cocida, que inundó el pueblo y todo el valle de Lana hasta mediados del siglo XX, ahora solo proviene de las carboneras de Miguel que, ayudado por su mujer Mertxe y su hijo Arkaitz, son los últimos carboneros que realizan este oficio ancestral. Aprovechan el verano para cocer madera de encina como se hacía antaño, orgullo identitario del valle. Una carbonera de estas dimensiones tarda en cocerse unos 15 días durante los que hay que vigilarla continuamente e ir añadiéndole 'betagarri' (madera para que no se produzcan vacíos).EFE/Jesús Diges

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2/11En Viloria, en las faldas de la abrupta y vertiginosa sierra de Lokiz, todavía huele a carbón. Ese olor a leña cocida, que inundó el pueblo y todo el valle de Lana hasta mediados del siglo XX, ahora solo proviene de las carboneras de Miguel que, ayudado por su mujer Mertxe y su hijo Arkaitz, son los últimos carboneros que realizan este oficio ancestral. Aprovechan el verano para cocer madera de encina como se hacía antaño, orgullo identitario del valle. Una carbonera de estas dimensiones tarda en cocerse unos 15 días durante los que hay que vigilarla continuamente e ir añadiéndole 'betagarri' (madera para que no se produzcan vacíos).EFE/Jesús Diges

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3/11En Viloria, en las faldas de la abrupta y vertiginosa sierra de Lokiz, todavía huele a carbón. Ese olor a leña cocida, que inundó el pueblo y todo el valle de Lana hasta mediados del siglo XX, ahora solo proviene de las carboneras de Miguel que, ayudado por su mujer Mertxe y su hijo Arkaitz, son los últimos carboneros que realizan este oficio ancestral. Aprovechan el verano para cocer madera de encina como se hacía antaño, orgullo identitario del valle. Una carbonera de estas dimensiones tarda en cocerse unos 15 días durante los que hay que vigilarla continuamente e ir añadiéndole 'betagarri' (madera para que no se produzcan vacíos).EFE/Jesús Diges

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4/11En Viloria, en las faldas de la abrupta y vertiginosa sierra de Lokiz, todavía huele a carbón. Ese olor a leña cocida, que inundó el pueblo y todo el valle de Lana hasta mediados del siglo XX, ahora solo proviene de las carboneras de Miguel que, ayudado por su mujer Mertxe y su hijo Arkaitz, son los últimos carboneros que realizan este oficio ancestral. Aprovechan el verano para cocer madera de encina como se hacía antaño, orgullo identitario del valle. Una carbonera de estas dimensiones tarda en cocerse unos 15 días durante los que hay que vigilarla continuamente e ir añadiéndole 'betagarri' (madera para que no se produzcan vacíos).EFE/Jesús Diges

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5/11En Viloria, en las faldas de la abrupta y vertiginosa sierra de Lokiz, todavía huele a carbón. Ese olor a leña cocida, que inundó el pueblo y todo el valle de Lana hasta mediados del siglo XX, ahora solo proviene de las carboneras de Miguel que, ayudado por su mujer Mertxe y su hijo Arkaitz, son los últimos carboneros que realizan este oficio ancestral. Aprovechan el verano para cocer madera de encina como se hacía antaño, orgullo identitario del valle. Una carbonera de estas dimensiones tarda en cocerse unos 15 días durante los que hay que vigilarla continuamente e ir añadiéndole 'betagarri' (madera para que no se produzcan vacíos).EFE/Jesús Diges

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6/11En Viloria, en las faldas de la abrupta y vertiginosa sierra de Lokiz, todavía huele a carbón. Ese olor a leña cocida, que inundó el pueblo y todo el valle de Lana hasta mediados del siglo XX, ahora solo proviene de las carboneras de Miguel que, ayudado por su mujer Mertxe y su hijo Arkaitz, son los últimos carboneros que realizan este oficio ancestral. Aprovechan el verano para cocer madera de encina como se hacía antaño, orgullo identitario del valle. Una carbonera de estas dimensiones tarda en cocerse unos 15 días durante los que hay que vigilarla continuamente e ir añadiéndole 'betagarri' (madera para que no se produzcan vacíos).EFE/Jesús Diges

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7/11En Viloria, en las faldas de la abrupta y vertiginosa sierra de Lokiz, todavía huele a carbón. Ese olor a leña cocida, que inundó el pueblo y todo el valle de Lana hasta mediados del siglo XX, ahora solo proviene de las carboneras de Miguel que, ayudado por su mujer Mertxe y su hijo Arkaitz, son los últimos carboneros que realizan este oficio ancestral. Aprovechan el verano para cocer madera de encina como se hacía antaño, orgullo identitario del valle. Una carbonera de estas dimensiones tarda en cocerse unos 15 días durante los que hay que vigilarla continuamente e ir añadiéndole 'betagarri' (madera para que no se produzcan vacíos).EFE/Jesús Diges

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8/11En Viloria, en las faldas de la abrupta y vertiginosa sierra de Lokiz, todavía huele a carbón. Ese olor a leña cocida, que inundó el pueblo y todo el valle de Lana hasta mediados del siglo XX, ahora solo proviene de las carboneras de Miguel que, ayudado por su mujer Mertxe y su hijo Arkaitz, son los últimos carboneros que realizan este oficio ancestral. Aprovechan el verano para cocer madera de encina como se hacía antaño, orgullo identitario del valle. Una carbonera de estas dimensiones tarda en cocerse unos 15 días durante los que hay que vigilarla continuamente e ir añadiéndole 'betagarri' (madera para que no se produzcan vacíos).EFE/Jesús Diges

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9/11En Viloria, en las faldas de la abrupta y vertiginosa sierra de Lokiz, todavía huele a carbón. Ese olor a leña cocida, que inundó el pueblo y todo el valle de Lana hasta mediados del siglo XX, ahora solo proviene de las carboneras de Miguel que, ayudado por su mujer Mertxe y su hijo Arkaitz, son los últimos carboneros que realizan este oficio ancestral. Aprovechan el verano para cocer madera de encina como se hacía antaño, orgullo identitario del valle. Una carbonera de estas dimensiones tarda en cocerse unos 15 días durante los que hay que vigilarla continuamente e ir añadiéndole 'betagarri' (madera para que no se produzcan vacíos).EFE/Jesús Diges

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10/11En Viloria, en las faldas de la abrupta y vertiginosa sierra de Lokiz, todavía huele a carbón. Ese olor a leña cocida, que inundó el pueblo y todo el valle de Lana hasta mediados del siglo XX, ahora solo proviene de las carboneras de Miguel que, ayudado por su mujer Mertxe y su hijo Arkaitz, son los últimos carboneros que realizan este oficio ancestral. Aprovechan el verano para cocer madera de encina como se hacía antaño, orgullo identitario del valle. Una carbonera de estas dimensiones tarda en cocerse unos 15 días durante los que hay que vigilarla continuamente e ir añadiéndole 'betagarri' (madera para que no se produzcan vacíos).EFE/Jesús Diges

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