Cuidadoras principales: visibilidad y justicia
Publicado el 05/11/2026 a las 07:30
Durante décadas, las cuidadoras principales -en su inmensa mayoría mujeres- han sostenido el sistema de salud, el bienestar familiar y el tejido social. Lo han hecho desde el anonimato de los hogares y los márgenes de los sistemas formales. Ellas han traído, metafóricamente, su propia silla a una mesa que sistemáticamente ha ignorado su desgaste, su tiempo y su aportación económica y emocional. Han gestionado crisis, coordinado tratamientos y ofrecido soporte vital sin pedir permiso, convirtiéndose en el pilar invisible pero imprescindible de la salud pública. Sin embargo, el liderazgo y la dignidad de estas cuidadoras ya no pueden depender de su capacidad para resistir en silencio. No podemos seguir rigiéndonos bajo leyes sobre políticas públicas, presupuestos y estructuras sanitarias que son elaboradas de espaldas a la experiencia de quienes están en la primera línea del cuidado.
Su conocimiento no es meramente asistencial; es un saber experto, técnico y humano que debe integrarse en los niveles más altos de gobernanza. A las cuidadoras principales: vuestra voz es legítima, vuestra experiencia es un activo invaluable y vuestro bienestar es un derecho, no una variable de ajuste. Seguid ocupando los espacios, seguid exigiendo ser escuchadas en las consultas, en las asociaciones y en las instituciones. Vuestra silla ya está aquí. Tenemos la responsabilidad de hacer que cambien radicalmente las políticas de salud, protección social y conciliación: nuestro deber es urgente. Ya no basta con reconocer o aplaudir la labor de cuidado desde la distancia. El verdadero compromiso ético y político consiste en transformar esa mesa de decisiones. Es hora de retirar las sillas plegables y asegurar un asiento permanente, digno, remunerado y con plenos derechos para las cuidadoras principales. Porque un sistema que no cuida a quienes cuidan, es un sistema que carece de futuro. Hoy, en el día Internacional de las Personas Cuidadoras, honrémoslas. Cuidémoslas.