El futuro en juego

Pedro Marín Usón

Publicado el 28/08/2026 a las 07:18

El contraste entre la velocidad del cambio global y la parálisis educativa europea resulta alarmante. China acaba de ejecutar una profunda reconversión de su sistema universitario, suprimiendo miles de programas con escasa proyección laboral -entre ellos disciplinas tradicionales como la traducción de idiomas, superadas por los modelos avanzados de inteligencia artificial- para apostar de lleno por la robótica, los semiconductores y la biotecnología. Mientras, el gigante asiático redefine sus aulas según las transformaciones tecnológicas reales, en Europa, y singularmente en España, el debate educativo permanece atrapado en la inercia burocrática y el inmovilismo. Seguimos ofertando año tras año miles de plazas en grados saturados o desfasados, alimentando la frustración y la precariedad de jóvenes que descubren, al graduarse, que su perfil carece de demanda.No se trata de desmantelar las humanidades ni de subordinar ciegamente el saber al mercado, sino de planificar con lucidez estratégica. Formar a las nuevas generaciones para un mundo que ya no existe no constituye una defensa del derecho a la educación; es hipotecar el porvenir de nuestros jóvenes y condenar a nuestra economía a una inevitable irrelevancia tecnológica. ¿Cuándo vamos a presionar al sistema educativo para que mueva ficha? La clase política se siente muy cómoda con este inmovilismo.

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