Aulas sanas: que la salud no dependa de la suerte

Josune Silanes (SATSE Navarra) y Eduardo Piquer (ANPE NAVARRA)

Publicado el 08/05/2026 a las 07:27

Cada mañana, miles de familias dejamos a nuestros hijos e hijas en el colegio confiando en que estarán bien. Confiamos en el profesorado, en los equipos directivos, en la organización del centro, en las personas que los acompañan durante tantas horas al día. Pero hay una pregunta que muchas veces queda en silencio: si ocurre algo relacionado con su salud, ¿quién está preparado para responder?

No hablamos de una preocupación exagerada. Hablamos de la realidad cotidiana de las aulas. Niños con asma, diabetes, epilepsia, alergias graves, trastornos de conducta alimentaria, ansiedad, autolesiones, malestar emocional o necesidades sanitarias complejas conviven cada día en los centros educativos. En Navarra, el asma afecta al 12% de la población infantil y hay 175 menores de 15 años con diabetes tipo 1. Además, el primer estudio navarro sobre vulnerabilidad y fortaleza emocional reflejó que un 17% del alumnado de Primaria y un 30% del de Secundaria ha precisado asistencia psicológica en el último año.

Los centros escolares han cambiado. La infancia y la adolescencia, también. Lo que no puede seguir igual es la respuesta. Una enfermera escolar no es un lujo. No es una figura decorativa. No está para sustituir al profesorado ni para medicalizar la escuela. Está para completar lo que hoy falta: una mirada sanitaria estable, cercana y profesional dentro del lugar donde nuestros hijos e hijas pasan buena parte de su vida. Su presencia significa que una crisis asmática, una hipoglucemia, una reacción alérgica o una convulsión no dependan de la improvisación. Significa que una señal de alarma emocional pueda detectarse antes. Significa que una familia con un hijo con una enfermedad crónica no viva cada jornada escolar pendiente del teléfono. Significa que el profesorado no tenga que asumir responsabilidades sanitarias para las que no ha sido formado y que no deberían recaer sobre sus hombros. También significa proteger al profesorado. Porque cuando no hay una enfermera escolar, muchas situaciones de salud acaban generando una presión añadida sobre docentes y equipos directivos: miedo a no saber actuar, temor a equivocarse, responsabilidad emocional ante una urgencia, interrupciones constantes y una carga que no forma parte de su función educativa. No es una preocupación menor: según datos recientes del curso 2024-2025, el 71% del profesorado manifiesta haber sufrido episodios de estrés y ansiedad. Añadir a esa realidad responsabilidades sanitarias impropias sólo aumenta el riesgo, la tensión y la sensación de desprotección. Cuidar al alumnado exige también cuidar a quienes lo acompañan cada día. Y para eso cada profesional debe estar en el lugar que le corresponde.

También significa prevención. Educación para la salud. Hábitos saludables. Acompañamiento. Coordinación entre familia, centro educativo y sistema sanitario. Y, sobre todo, igualdad. Porque no todas las familias tienen los mismos recursos para compensar fuera del colegio lo que el sistema no garantiza dentro. Defender la enfermera escolar es defender aulas más seguras, más inclusivas y humanas. Es pedir que la salud no dependa del centro en el que estudia un menor, de la buena voluntad de quien esté cerca o de la suerte.Aulas Sanas no es sólo una campaña. Es una llamada a mirar de frente una necesidad evidente. Porque cuidar la escuela también es cuidar la infancia. Y cuidar la infancia es una responsabilidad de todos.

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