No hay más ciego que el que no quiere ver

Susana Alsasua

Publicado el 29/01/2026 a las 07:34

El domingo pasado me disponía a salir de casa con mi familia y, mientras esperábamos a que se uniese mi madre, mi padre y yo nos fijamos en algo que llamó nuestra atención. En el contenedor de orgánico alguien había decidido escribir: Maduro askatu, lo que se traduciría como: liberar a Maduro. Lo que me lleva a plantearme las siguientes cuestiones: ¿por qué? ¿Por qué se pide la liberación de un hombre que como forma de gobierno optó por uno totalitario? ¿Por qué dejar en libertad al hombre que en todos los años que gobernó consiguió empeorar la calidad de vida de su pueblo? ¿No es acaso el principal deber de un presidente velar por sus ciudadanos y buscar mejorar, en la medida de lo posible, sus vidas? Tampoco digo que la solución ideal sea secuestrarle en su casa, pero siempre es mejor tratar de ayudar que no quedarse con los brazos cruzados. Además, basta con ver cómo se han tomado los venezolanos de todo el mundo la noticia. Si bien es cierto que algunos partidarios de Maduro, alrededor de 2.000 según el TRT español, se manifestaron en la capital venezolana exigiendo la liberación del mandatario y su esposa, sería injusto ignorar a los millares que se alegraban, celebraban su captura y reivindicaban una transición plena. En conclusión, hechos así hacen que cada vez sea más apreciable la cortina de humo, tanto mediática como social, que hoy en día distorsiona nuestra percepción de la realidad. Llegando incluso a concebir la captura de un dictador como algo punible.

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