Aullar por el horror del genocidio en Gaza
Publicado el 29/07/2025 a las 07:46
Me gustaría hoy poder aullar. Los perros aúllan para comunicarse, para reaccionar a estímulos inusuales o porque están solos o ansiosos. Me gustaría poder aullar porque necesito comunicarme, porque me siento sola y ansiosa, porque casi nadie aúlla ante lo que todos los días estamos viendo y oyendo. Me gustaría aullar como una loba a la que matan a sus cachorros, como una madre herida por la mordedura de la rabia ante el horror. No puedo permanecer callada ni un minuto más, ni un instante más, ni una décima de segundo más. Mi corazón y mi mente van a estallar ante tanto horror.
No puedo ver sin aullar a niños desencajados por el hambre, a niños con caras desgarradas de tanto gritar, a niños con cuencos vacíos y oscuros que alargan en débiles brazos pidiendo alimento, a niños que beben agua del mar amargo y doblan su esqueleto desnudo de hambre. Niños, niñas, mujeres, madres, hombres demacrados y tullidos, viejos… ¡basta de tanto horror!
Hay personas bañadas por nuestro mar Mediterráneo que se mueren de hambre en una guerra sin fin y sin sentido. Cruel. Genocida. Imparable. Hay personas que se juegan la vida cada día por curar, por informar, por ayudar en ese mar sin fin que hoy es Gaza, teñido de sangre hasta el fondo. En Israel y Palestina se mata cada día. Y ya nos hemos acostumbrado. Cada día unos cuantos: un día, 24; al siguiente, 53; al siguiente, 15; y al otro, 72. Poco a poco. Así se nota menos. Además, se mata de hambre. Y eso aún menos se ve. De desnutrición, de dolor, de pena. Así se están matando generaciones. Se matan niños. Horror.
Yo me siento muy mal si no aúllo. No puedo ver más sangre derramada, no puedo ya leer futuras negociaciones de paz. Acaba de morir una niña ahora mismo. Jamás justificaré los crímenes que desencadenaron este horror. Pero tampoco el genocidio planificado de todo un pueblo.
Jesús de Nazaret, aquel judío al que algunos intentamos seguir, fue un hombre de paz. Y nos marcó un camino: “Dadles vosotros de comer”. Pero mi pan no llega y se mueren cada segundo. Por eso me gustaría aullar, por eso escribo con aullidos de dolor. Paz para Gaza. Paz para Palestina. Paz para Israel. Pan para todos.
Maribel Murillo Urcelay