Calor y salud
Publicado el 02/07/2025 a las 07:20
Estos días, que ya se alargan, estamos viendo y yo diría que, sufriendo, una ola de calor o canícula que pone en riesgo nuestra salud, tanto en nuestro entorno como en exposición laboral. La temperatura en Navarra ha subido una media de 1,3 grados en los últimos 75 años y 1,5 grados de aumento es un límite para el riesgo del planeta. La acción climática centrada en la salud podría salvar vidas a futuro, ya que los golpes de calor pueden ser mortales y la primera causa de defunción relacionada con el clima. Ya hemos visto desgraciadamente casos en Málaga poniendo carteles, en Huesca trabajando en el campo, en Barcelona tras un turno de limpieza, en un barredero de Madrid hace un año y otros casos de exposiciones laborales de riesgo. También en deportistas y otros escenarios.
Además, el calor agrava enfermedades ya existentes como diabetes, asma, cardiopatías y aumenta el riesgo de accidentes, de abuso de sustancias y algunas infecciones. También afecta a nuestra salud mental. Se ha constatado que la mortalidad relacionada con el calor en nuestros mayores se está incrementando de manera muy relevante, por lo que es necesario protegerlos y tejer a su alrededor una red social que les advierta del riesgo. El problema radica en que, el número de personas expuestas al calor extremo está aumentando exponencialmente, debido al cambio climático, en todas las regiones del mundo.
La NASA, en colaboración con la AEMET, ya anuncia que habrá ciudades que serán casi inhabitables en 2050 por veranos de hasta 50 grados y El Cairo se acerca. En este riesgo existen muchas desigualdades también, ya que los países más afectados por el calentamiento global suelen ser también los de menores recursos. No obstante, en Europa, en la ola de calor del 2022, especialmente dañina, se contabilizaron más de cincuenta mil muertes, sabiendo que nuestra vulnerabilidad depende de la edad y estado de salud, pero también de la situación socioeconómica y laboral. La buena noticia es que estos efectos pueden prevenirse mediante intervenciones en salud pública, con el aval de agencias como la OMS. Se trata de implantar medidas de adaptación, a estos nuevos escenarios de cambio climático, para evitar riesgos y protegernos ya que están aumentando la frecuencia, la duración, la intensidad y la magnitud de las olas de calor, afectando a la salud y bienestar de las personas vulnerables como embarazadas, lactantes, personas mayores o con enfermedades crónicas.
Pero, además, el observatorio Copernicus de la Unión Europea nos avisa que la frecuencia y la intensidad de las olas de calor continuarán aumentando en el siglo XXI. También nos indican que se debe adaptar la planificación urbana, para reducir la acumulación de calor, con espacios verdes como parques, refugios climáticos de sombra, acceso fácil a espacios azules como piscinas o el uso de materiales de construcción que no acumulen calor. Además, en exposición laboral se modificó hace algún tiempo la norma de prevención de riesgos laborales, para incluir éste y los empresarios lo deben tener en cuenta y proteger a sus trabajadores, para lo que se hacen campañas desde la Administración.
En Navarra tenemos un Plan de Prevención que indica las alertas y medidas de adaptación para la población, que ha contado con financiación europea y a nivel global, es vital para luchar contra el cambio climático, reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero y los combustibles fósiles para proteger a las futuras generaciones y a nuestro planeta - que está ya en el “antropoceno” con escenarios desconocidos de aumentos de las temperaturas que podrían conllevar que fuese incompatible con la vida en algunas zonas-. Debemos actuar ya globalmente, el tiempo se nos acaba, como dicen algunos artículos especializados: “The final countdown”.
Teresa Ferrer Gimeno, Jefa de Sección de Sanidad Ambiental.