Cuando se olvidan de que somos personas con derechos...

María Carnicero Giménez de Azcárate

Publicado el 30/06/2025 a las 07:21

Quiero empezar agradeciendo, porque siempre es más agradable dar las gracias que quejarse. Mil gracias a los pasajeros del vuelo Madrid-Pamplona del día 11 de junio que, cansados, con un retraso de más de una hora debido a las tormentas sobre Madrid y Pamplona, con ganas de llegar a su casa y siendo a última hora de la tarde, se volcaron en amabilidad, simpatía, comprensión y ayuda cuando me caí en el “Finger” de acceso a la pista para coger el avión. Unos ayudaron a mi marido a levantarme, otro señor se ofreció a llevar la pequeña maleta que llevábamos, otros dos jóvenes nos cogieron la mochila. En fin, mil gracias por su ayuda en este momento de angustia, bochorno y tensión.

Mil gracias también por su atención y amabilidad a la tripulación de cabina de Iberia Regional- Air Nostrum, tanto de este vuelo, como de las conexiones que he tenido que coger para ir y volver de Valencia para realizar unas pruebas médicas. Y lo mismo vale para el personal del mostrador de check-in tanto de Pamplona como de Valencia, así como al personal de Aena de estos dos aeropuertos.

Y ahora toca quejarse. Les cuento mi historia. Tengo una rara enfermedad que no me permite caminar con normalidad. Mis pasos son cortos, lentos, robóticos y me pueden dar espasmos musculares tan fuertes que en ocasiones los bastones en los que me apoyo para caminar no me sostienen y me caigo al suelo. Otras veces estas caídas son a plomo, como un saco de patatas, y mi cuerpo se queda rígido y no me permite levantarme inmediatamente. Esto es lo que me pasó en la rampa de acceso a pista en la T4. Por este motivo y conociendo la extensión de la T4, cuando el 28 de abril sacamos la combinación de billetes de ida y vuelta Pamplona- Madrid - Valencia (para el 9 de junio y 11 de junio respectivamente) avisamos a la agencia de viajes adjuntando el certificado médico, para que me permitieran subir los bastones a la cabina del avión y comunicar la necesidad de asistencia en la T4 de Barajas y en Valencia, para los traslados por el aeropuerto en silla de ruedas. Y así lo ponía en mi tarjeta de embarque: WCHR.

Mi marido contactó con antelación con ‘Aena sin barreras’ y tanto del personal de tierra de Iberia Regional como del personal de seguridad y del personal de las empresas que prestan el servicio para Aena Pamplona y Valencia, recibí un trato excepcional. No así en Madrid. El caos, el horror, el sentirte como un objeto sin derechos, tanto a la ida como a la vuelta, fue la asistencia en la T4 del Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid - Barajas. Imagínense ustedes que pasan a convertirse en una maleta a la que transportan a un bajo de la instalación, le quitan la tarjeta de embarque y sin acceso a ningún tipo de panel informativo, le dicen que permanezca ahí. Ya no entro a valorar la educación, mínima cortesía o amabilidad del personal que atiende a personas a las que no les dice ni buenos días. Sencillamente reflejar el hecho de quedarse tirado como si fueras un paquete a la espera de reparto en una estantería.

En este entorno tan acogedor, no precisamente con amabilidad, el personal va llamando a gritos a los “paquetes” allí aparcados. Cantando apellidos mal leídos (yo era “Carni”) y cuando no había respuesta, se gritaba el destino: “Pamplona”. Esto me sirvió para que tras un “corre, corre”, me sentaran en una silla de ruedas y nos trasladaran al punto de asistencia de la primera planta. Y vuelta a aparcarte a la orden de “siéntate ahí y luego venimos” nuevamente “secuestrada” sin tarjeta de embarque, sin acceso a panel informativo, con un montón de “paquetes” más y con la muy tranquilizadora respuesta a las peticiones de información: “no se preocupen, estamos saturados” cuando miras el reloj y piensas “madre mía, si tenía que estar embarcando”. Para no extenderme demasiado, tras una hora de espera y nuevamente con un “Venga, rápido, ¿éstos también? No caben” nos sentaron en un cochecito eléctrico de 4 plazas y equipaje y sillas de ruedas o de 6 plazas y equipaje encima. A nosotros, como buenas cajas de Amazon, nos tocó en la zona de equipaje, mirando en dirección contraria a la marcha, sin ningún tipo de sujeción y equipaje encima, incluidos bastones. Y así llegamos a la K96 donde el personal de Iberia alucinado preguntaba: “¿Pero ustedes no habían embarcado? ¿No tiene silla de ruedas? Baje despacio por la rampa por favor, no se preocupe”.

Pero la persona de asistencia que llevaba a otra señora en silla de ruedas sí tenía prisa y nos la metía, porque teníamos que “colarnos” a todos los pasajeros que estaban embarcando. Y por eso me caí. Aena sin barreras como única solución propuso levantar a la pobre señora de la silla de ruedas, sentarme a mí y continuar la marcha. Tal cual, ante la indignación y estupefacción del resto del pasaje, que tal como indico al principio, se volcó en ayudar. Aena sin barreras suena bien, ¿verdad? ¡Qué estupendos somos! Empiecen por la organización del servicio (tienen toda la información en sus ordenadores) continúen por contratar personal competente, denles formación en trato a personas con movilidad reducida, algún tipo de discapacidad o especialmente sensibles y no traten como paquetes a lo que somos: personas con derechos.

María Carnicero Giménez de Azcárate

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