El papa Francisco, construir desde el corazón
Publicado el 25/04/2025 a las 07:32
Un Papa de andar por casa, que respira el mismo aire que sus hijos. Así se nos mostró esta última semana a los que hemos tenido la suerte de verle una última vez. Hombre de oración (rezador de los que rezan) y carismático. Ejemplar celo apostólico, que busca a personas en las antípodas de la moral cristiana para presentar el amor del Evangelio sin esperar que ellos se acercasen a preguntarle. Fiel defensor de la dignidad de las personas, combatiente de la doble vida de los eclesiásticos y de los abusos sexuales. Papa de los pobres, a los que les pide perdón de parte de sus hijos por las innumerables ocasiones en las que ni una mirada les dirigen. Centrado en los marginales, buscando expandir las fronteras de una Iglesia universal en la que caben “todos, todos, todos”. Un Papa combatiente con los distractores que frenan al pontífice en su misión y a los católicos de vivir primereando al Señor. Radical con los juicios humanos, condenando el poner las ideas antes que las personas: la única vez que puedes mirar a alguien de arriba a abajo es para ayudarle a levantarse. Radical defensor de la vida humana desde su concepción hasta su fin en la muerte natural, abogando por el respeto a su dignidad y luchando contra los sistemas de creación de pobreza y miseria. Defensor y abogado de la fraternidad en la gran familia humana a la que a menudo se refería como red de hermanos.
Recuperador de la importancia de cuidar el corazón en un mundo en el que nos asalta la tentación de navegar por la superficie (…) de convertirnos en consumistas insaciables y esclavizados por los engranajes de un mercado al cual no le interesa el sentido de nuestra existencia. Impulsor constante del examen interior para descubrir la verdad de nuestra vida: ¿por qué y para qué estoy en este mundo? (…) Estas preguntas me llevan a mi corazón. Crítico con la sociedad líquida en la que hace falta corazón: cuando no se aprecia lo específico del corazón (…) perdemos el encuentro con los demás(…). Y nos perdemos la historia y nuestras historias, porque la verdadera aventura personal es la que se construye desde el corazón. Al final de la vida contará sólo eso.
En fin, gracias, Jesús, por darnos al papa Francisco. Sabemos que está con su gran Amigo, en el cielo, y pegado a Santa María, Madre de la Iglesia, cuidando de toda la humanidad.