Lo que dejas atrás cuando corre el tiempo...

Darío Gómez Pelayo

Publicado el 24/02/2025 a las 07:34

A veces lamento haber cumplido 16 años porque ya no tengo tantas manualidades que realizar en casa. Sé que todos los que han tenido una infancia feliz han pasado horas creando una figurita del Belén con goma eva, parte de un domingo ideando una máscara de carnaval con escayola y muchas tardes decorando una fofucha para la clase de Arts. El que no se ha quemado los dedos con la pistola de cola que derrite unas barritas transparentes, no ha vivido la primaria. Y aquí va el oscuro secreto del que nadie hablaba pero que todos compartíamos: en casi todos esos momentos de “libertad creativa”, estaban mis padres ayudándome y … diría que haciéndolo (casi) todo. Los profesores pretendían que fuéramos nosotros, los niños, los que elaborásemos manualmente los proyectos, pero la verdad inconfesable es que eran ellos, los padres entusiastas, los que dibujaban, recortaban y pegaban la figurita de goma eva, los que se quedaban hasta las tantas esperando a que fraguase la escayola y por fin poder decorar la máscara y los que buscaban tutoriales en internet sobre cómo hacer una muñeca con el rollo de papel higiénico y restos de tela del uniforme. Incluso hoy me emociona recordar esas competiciones no admitidas nunca entre nuestros padres, luchando porque su hijo presentara la figurita del rey mago más original y sobre todo cómo todos los padres esperaban impacientes el veredicto implacable de los niños de clase alabando su obra maestra. ¡Qué tiempos!

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