La situación en el campo sigue siendo caótica
Publicado el 13/02/2025 a las 07:30
Ha pasado un año ya desde que los ganaderos y agricultores decidimos hacernos visibles en toda Europa en lo que quisimos que fuera una llamada de auxilio haciendo ver que nuestra situación es insoportable. Quedamos pocos, con una edad media que supera los 60 años, y el relevo se cuenta con los dedos de las manos. Y, cuidado, somos los únicos que garantizamos una alimentación sana y de calidad. En un principio, y siendo sabedores de que nos asiste la razón, creímos que podíamos solucionar de un tirón todos aquellos problemas que los responsables políticos y las tragaderas de nuestros representantes sindicales nos han creado en los últimos años. ¡Qué ingenuos! Tanto tiempo soportando prohibiciones, obligaciones y una burocracia que nos desborda. Tanto tiempo intentando ser más productivos a la par que más sostenibles para poder competir con los alimentos que llegan de otros lugares donde nadie se preocupa de la prevención de riesgos laborales de los trabajadores, ni de sus salarios ni de sus jornadas interminables. Tantos años adaptándonos a la desaparición de fitosanitarios que se siguen utilizando en dichos países, y que vienen en los alimentos que aquí nos envían.
Y ya, aquí en Navarra, cuatro años sufriendo un infierno fiscal que nos obliga a pagar unos impuestos desorbitados con respecto al resto de España, nos llenaron de razón y de optimismo. Tuvimos que organizarnos solos porque nuestros sindicatos estaban intentando nadar sin mojarse la ropa. Y para ser un movimiento anárquico, creo que se hizo muy bien. Ni un sabotaje (de esos que sufre el AVE), ni una pintada, ni un adoquín movido. Nada parecido a lo que las calles de Pamplona, Madrid y, sobre todo Barcelona, están acostumbradas a ver. Otra cosa son los resultados. En lo que respecta a las competencias del Gobierno de Navarra, casi nada. Una reforma fiscal que es un auténtico insulto y que, para más inri, los sindicatos (que de puertas para adentro se sienten ofendidos) nos quieren “vestir” de éxito.
Así, y al igual que en otros sectores, quienes por proximidad viven en Vitoria o Logroño ya están cambiando su residencia fiscal. A nivel estatal, y para terminar de hundirnos, apoyo sin fisuras al tratado con Mercosur (en Francia, donde el agro es respetado, su gobierno ya se ha postulado en contra) y ayudas millonarias a la agricultura, pero a la de Marruecos. Y en Europa, Mercosur, agenda 2030, restauración de la naturaleza, lanzamiento de globos sonda para ir “metiéndonos” la idea de una alimentación más “sostenible” a base de gusanos y “carne” sintética y un sinfín de patrañas que, o bien están remuneradas en lo personal, o no se entienden. En definitiva, nuestros problemas no han sido tenidos en cuenta. Eso sí, a quienes hemos estado siempre defendiendo al sector, a quienes nos hemos movilizado contra los gobiernos de todos los colores, a todos aquellos cientos de compañeros que el año pasado hicimos historia abandonando nuestras explotaciones durante días para hacer ver a la sociedad que lo que comen importado de países terceros es muchísimo peor que lo que nosotros producimos, que nuestros vecinos de Álava, La Rioja, Aragón, etc... tienen una fiscalidad muchísimo más benévola y que a este paso en 15 años no van a quedar ganaderos y agricultores: insultos, denuncias, palos y condenas exageradas que, eso sí, vamos a pagar sin rechistar y sin pedir amnistías. Hemos sido tachados por parte de enfermos, cuyo mal no lo sufren ellos sino quienes les rodean, (así los describía Voltaire) de fachas, de ricos por tener la desgracia de necesitar tractores (los camioneros necesitan camiones y las empresas máquinas) que valen miles de euros y que cada vez nos cuesta más pagar. Cuando miro hacia atrás y veo compañeros con condenas de cárcel, una mujer imputada por proferir insultos machistas hacia la muy honorable presidenta del Gobierno de Navarra, agricultores apaleados brutalmente en Cabanillas, oigan, los cientos de miles de euros en denuncias se me hacen una bendición. Es triste, pero la justicia, como la serpiente, solo muerde a los descalzos. En fin, habrá que seguir luchando por la supervivencia de unos ganaderos que a pesar de trabajar muy por encima de la jornada laboral los 7 días de la semana, ven que su situación es caótica. Habrá que pelear por hacer ver a quienes tienen la responsabilidad (y no el poder como ellos creen) de hacer viable un trabajo que aún siendo duro nos apasiona, que estamos en riesgo de extinción. Y habrá que decir a quienes pensando que sus problemas los pueden resolver los demás (mientras ellos siguen con sus labores) que mañana no lloren como niños por lo que hoy no han sabido defender como adultos. Y como son decisiones políticas las que crean o resuelven los problemas, a la hora de votar convendrá dejar de ver fantasmas muertos (no existen) y detectar los vivos (estos sí existen, y alguno es bien grande) y votar a quienes propongan soluciones y no más problemas.