El placer compartido

Enrique Iriso Lerga

Publicado el 13/12/2024 a las 07:18

Al mes de diciembre se le asocia, también, con las cenas y comidas de empresa. Los restaurantes de la ciudad colocan el cartel de ocupado. No pueden ser atendidas las llamadas telefónicas porque todo está al completo. Esta sana costumbre se ha transformado en rito, en algo espiritual. Los comensales se acuerdan con nostalgia del tan feliz encuentro del año anterior. La gastronomía procura un placer. Ahora bien, un placer solitario es un placer triste y aburrido. La lógica nos dice que el placer de la buena mesa es mejor compartirlo. Reunir a los invitados, mantenerlos satisfechos y alegres, codo con codo durante más de dos horas es un arte difícil. No se trata sólo de ofrecer un buen menú y unos buenos vinos. Se trata también de que exista buen humor, de que surjan conversaciones agradables y amenas, de que se cante y se cree un ambiente festivo. La comida es un placer, no un infierno Al ser grupos homogéneos donde todos se conocen, se pueden evitar las situaciones desagradables. El menú es importante, por eso es aconsejable hacerlo de acuerdo con el gusto de los comensales, ya que se invita a un placer no a un experimento extraño. No se olvide que la puntualidad es un gesto elegante.

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