Lenguaje inclusivo y la RAE
Publicado el 08/12/2024 a las 08:52
Abordo este tema tan actual como controvertido. Ante las recomendaciones acordadas en la Mesa de las Cortes Generales sobre el uso no sexista del lenguaje en la Administración parlamentaria y dirigidas a la implantación de un lenguaje no sexista, la RAE responde con una Nota de la que quiero destacar el apartado dedicado al “masculino inclusivo”.
El texto de la Mesa presenta diversas formas de sustituirlo porque debe evitarse un uso excesivo del mismo. Por ejemplo, en lugar de decir “los que”, utilizar “quienes”, o “los usuarios” sustituirlos por “las personas usuarias”. El género masculino es inclusivo en muchos contextos y el hecho de que no lo sea en algunos casos no debe llevar a la conclusión de que no lo es nunca. El texto de la Mesa da a entender que los hablantes que no aplican sus recomendaciones se expresan en lenguaje sexista. Entonces lo sería el lenguaje cotidiano de millones de personas de todo el mundo, incluyendo el de los propios parlamentarios cuando no hablan desde la tribuna o no redactan proyectos legislativos. Y, por ende, también sería sexista el lenguaje de la literatura, el cine, el periodismo y otros ámbitos donde los textos no suelen aplicar estas recomendaciones.
Según la RAE, el género masculino engloba a los dos sexos. El empleo del masculino no es un uso discriminatorio, sino un recurso básico de economía lingüística para evitar la redundancia.
La RAE opina que no se apoya la igualdad de los hombres y las mujeres pidiendo a los ciudadanos que hagan constantes “acrobacias” sintácticas, morfológicas y léxicas para evitar expresiones lingüísticas con las que se expresan habitualmente. Por último, la RAE manifiesta que se avanza más en el logro de la igualdad creando medidas legislativas que conduzcan a la equiparación de derechos, mejorando la educación que se recibe en la escuela y trabajando de otras formas por una sociedad que refleje esos valores. Y, sobre este último párrafo, quiero hacer un llamamiento a las “altas esferas” que, en mi opinión, han empezado la casa por el tejado. ¿A qué esperan para crear una legislación y “hacerla cumplir” para, por ejemplo, mujeres que desempeñan el mismo trabajo que los hombres con un salario más bajo? ¿Por qué no se aborda el tema en las aulas desde edades tempranas como una asignatura más en la que se enseñe jugando, confrontando opiniones, creando dinámicas de grupo…? La complejidad dependería de cada etapa educativa. Para ello, nada mejor que la creatividad. Hago un llamamiento al profesorado para que haga uso de ella y se involucre más. Al fin y al cabo es todo un reto para ellos, quieren que aprendan, ¿verdad? La satisfacción de conseguirlo para mí la quisiera. Más que modificar el lenguaje hay que trabajar las conductas. Y de nuestras expresiones cotidianas eliminar las que tienen connotaciones negativas tanto para mujeres como para hombres (“mi pareja me ayuda en casa”, “aparcas como una mujer”, “los hombres no lloran”, “corre como una niña”…). Me parece importante que las conductas se trabajen tanto en la escuela como en casa. Si conseguimos que “los de arriba” reflexionen, cuanto antes actúen, mejor. ¿Utopía? La esperanza es lo último que se pierde…