Constitución y presente
Publicado el 06/12/2024 a las 08:38
Vaya por delante mi respeto y consideración a quienes se dedican a la vida pública y expresamente a la política. Hablar en una barra de bar o en un cenáculo de lo divino y humano es fácil y cómodo pero no hacerlo cuando estás situado en el centro del ruedo de cualquier plaza, grande, mediana o pequeña, tras haber dado el paso para asumir una responsabilidad política y hasta pública. Por ello, ese agradecimiento por mi parte para quienes se ofrecen para (pongo por caso) figurar como candidatos en listas electorales. Resulta problemático hacerlo ahora, aunque siempre lo ha sido. No se crea.
Durante casi cuarenta años, desde nuestro empeño por restaurar la democracia y rehacer la convivencia entre todos, por todo y además por el terrorismo, que a muchos nos tenía y tuvo en su punto de mira (¡ay, si yo dijera lo vivido en propias carnes!)... Y, en la última docena de años, cuando prácticamente a todos quienes en cualquier nivel manejan los actuales asuntos públicos, políticos y políticas de todos los signos, ha pasado a considerárseles, con razón - pero no con toda, ni mucho menos- los principales responsables de que una gran parte de los verdaderos hacedores de La Transición, las personas de mi generación fundamentalmente y, entre ellos y ellas, los diputados y senadores constituyentes y artífices y firmantes de la Constitución de 1978, los creadores a su vez de un estilo de hacer política basado en unos modos y unas maneras presididas por el respeto al propio y al ajeno y al buen trato y a la cordialidad, en todos los niveles (Cortes o Ayuntamientos) estén viniéndose abajo desmoralizados y desconcertados por lo que oyen y ven - los actuales modales y las actuales maneras y el nuevo estilo de hacer política-.
Unas y otro faltonas y ofensivo, expresamente egocentrista y preocupado y ocupado, no quiero creer que por escasa talla personal de sus practicantes, antes que por el respeto al otro y a los otros y a lo que dice y dicen, como se debiera, por entresacar y airear los problemas y actuaciones (supuestamente negativas) de los adversarios. Y no como debiera haber sido y ser, por aportar soluciones a los mismos e ir con las soluciones por delante, esclareciendo nuestro panorama y, si resulta posible, mejorarlo - a fin de que nuestro país progrese todavía más y sean muchos más los españoles que se beneficien de ello, vivan mejor, más en paz y más felizmente-.
Ahora, sin embargo, lejos de ello, en la actual forma de hacer política - y no hay más que mirar a uno u otro lado, y contrariamente a lo que en general hicimos en La Transición- solo parecen tener cabida la desmesura, el ataque personal, la suciedad y el barriobajerismo. Lamentable y, todavía más que al estilo se hayan ido dejando arrastrar unos y otros partidos políticos, por consentir se impusieran en sus estructuras una mayoría mayoritarísima de personas dadas a ello. (...) Al cabo, nada sorprendente, ante tal panorámica, que hartos de ello y tales modales, y a fin de acabar con la actual situación de guerra abierta partidaria y sin límites, los haya (votantes, digo, y no pocos) quienes estén buscando una nueva plataforma que recoja lo fundamental de lo que postulan los partidos centristas y programáticamente hasta el socialismo y, a su vez, les ofrezca (entendiendo que “el liderazgo en el siglo XXI consiste en formar parte de un equipo”, como lo señala la CEO de Savills de Barcelona, Anna Gener), un liderazgo “firme”, “formado” y “sano” y -ojo a la cuestión- creyente y sabedor de lo que dice y lo que hay que hacer. Para con ello, para empezar, buscar el entendimiento con otras fuerzas y contribuir a mejorar la relación entre todas ellas. Desde luego, todos ganaríamos con ello, navarros y españoles de todo tipo, condición y clase social.
Y, si de ganar con ello, y qué mejor fecha para recordarlo que en su 46 aniversario, nuestra misma y propia Constitución del 78, exigente para con sus gobernantes en la búsqueda permanente del entendimiento entre las personas, la convivencia democrática y defensa del Estado de Derecho, al tiempo que de la libertad, de un orden económico y social justo, de la igualdad, del pluralismo político, de las verdades, de la defensa de los derechos y deberes fundamentales de los españoles y los extranjeros, y, en fin, del derecho a la educación, a una vivienda digna y a un salario justo. Tal cual. Claro que reconocerlo exige previamente haberse leído nuestra Constitución y sabérsela.
*Pedro Pegenaute Garde, diputado constituyente