El artículo que te molestará
Publicado el 18/08/2024 a las 08:35
Me levanto, y mi primer pensamiento es: ¿dónde estará él? Desde que llegó a mi vida, no he podido dejar de pensar en otra cosa cada vez que tengo un momento a solas. Él es más importante que nadie. Sin él, no puedo ir a ninguna parte; me siento vacía. Las reuniones familiares y las ideas ajenas me parecen simples en comparación con lo que tengo a mi alcance con un solo clic. La vida cada vez tiene menos sentido, y te confieso algo: han dejado de importarme las historias de los demás. Tengo tanta información gracias a él, que ya no puedo conectar con las personas como antes. No me resultan tan interesantes. Creo que estoy dejando de sentir. Es como si nada fuera capaz de sorprenderme, y eso me da miedo. Cuando no hay sorpresas ni cambios, la vida se vuelve miserable, y ya no queda nada de eso. Siento que estoy dejando de ser humana. Pienso de manera diferente, siento que funciono en modo automático, y aunque me preocupa dejar de sentir, eso no es nada comparado con mi egoísmo. La vida es una, y no quiero desperdiciarla con cualquiera.
Ya no presto atención a lo que les sucede a los demás; estoy centrada en mí misma y en aprovechar el tiempo que luego regalaré a cualquiera en internet. No puedo dejar de poner mi cara frente a su brillante pantalla, no puedo dejar de esperar cualquier señal que me indique que soy aceptada. Solo quiero recibir la gratificación de saber que mis ideas son correctas, aunque después no me interesen tanto las vidas de quienes lo afirman. Estoy confundida. Nunca fui una máquina antes.
No sé estar sin él, no viviría sin él, sin mi apéndice. Algunos prefieren llamarlo “móvil” para no enfrentarse a esta nueva realidad que, poco a poco, nos transforma en algo que nunca fuimos. Los efectos de estas nuevas conductas son desconocidos, ya que él llegó no hace mucho, pero te juro que ya los noto en mí y en mi entorno. Ya se habla de un término conocido como phubbing, que combina “phone” (teléfono) y “snubbing” (despreciar). Este se refiere al acto de ignorar a alguien a favor del móvil, una situación que está rompiendo la manera humana en que un día nos comunicamos. Otro estudio realizado en la Universidad de Hong Kong encontró que un 53% de los usuarios de smartphones experimentan algún grado de nomofobia, es decir, el miedo a estar sin el teléfono móvil. Y no acaba aquí. Estudios realizados en la Universidad de Texas, en Austin, demuestran que el móvil reduce nuestra capacidad cognitiva, incluso cuando está apagado. Solo tenerlo cerca ya nos distrae, disminuyendo nuestra capacidad de pensamiento profundo y creatividad.
Que pasemos, de media, más de cuatro horas al día usando nuestro teléfono es preocupante.
Pero, ¿sabes esa sensación de tristeza o vacío que tienes a veces? Tu smartphone te puede estar deprimiendo y no lo sabes. Diversos estudios han demostrado que el uso excesivo de redes sociales en móviles puede aumentar los niveles de ansiedad y depresión. Puede que pienses que todo termina aquí, pero no es tarde, ahora que te has detenido a reflexionar. Aunque ya hemos dejado que nos dominen las máquinas, aún podemos rebelarnos ante nuestros verdugos. Aún podemos reducir su uso y dejar de buscar amor en esta herramienta para, en cambio, fortalecer el amor propio. Dejar de ser un seguidor más y convertirnos en creadores de nuestro propio destino. Leyendo más, fortaleciendo nuestras aptitudes, saboreando más cada instante, valorando a la persona que tienes al frente, escuchando, mirando, tocando. Conectando finalmente con nosotros mismos y desarrollando una relación más profunda y auténtica. Hay esperanza, pero debemos despertar a un mundo en el que dejamos el modo automático y comenzamos a conducir nuestras mentes hacia un lugar donde ya no somos máquinas, donde sentimos de nuevo.