ETA y los accidentes laborales
Publicado el 26/07/2024 a las 08:25
Hace unos días, este periódico publicaba la noticia de que una tuitera navarra había aceptado dos años de cárcel (de los que no se cumplen, supongo) por humillar a las víctimas de ETA con mensajes ofensivos que publicaba en Twitter. En la misma página se reproducía uno de ellos con el siguiente texto: “La mayoría de muertos de ETA fueron policías, militares y políticos y ya sabemos por qué. [Cada asesinato] debería haberse llamado ‘accidente laboral’”. Aparte de la inhumanidad de semejantes afirmaciones, hay algo en ellas que no tiene el menor sentido. ¿Pretende decirnos esta señora (o lo que sea) que ser militar o policía, profesiones honorables homologadas en cualquier país de nuestro entorno, o alcalde o concejal de cualquier ayuntamiento, representante de los ciudadanos que lo eligieron, debía considerarse algo esencialmente peligroso, donde había que asumir como parte del trabajo el riesgo de perder hasta la vida? Esta señora (o lo que sea) no sabe ni lo que dice. Apostaría a que la “ideica” la ha sacado (y no sería la primera que sacan los de su cuerda) de un artículo que publiqué en este mismo periódico el 6 de abril de 2019, con el título de Gogoan y terrorismo. En él, me dirigía a un grupo de buenistas que, abogando por el acercamiento entre víctimas de ETA y afectados por la represión de la Policía, proponía que ambos colectivos debían “sumar”. Yo les contestaba que por qué eso de sumar y les decía que “puestos a hacerlo, quizá algunos [los etarras] deberían sumar mejor sus siniestros con los de los accidentes laborales, ya que nada tienen que ver los integrantes de un sindicato del crimen, que tenían que haber previsto en su póliza de seguros algunos riesgos evidentes, con tanta gente que simplemente hacía su vida y se la destrozaron o se la segaron de raíz”.
Cualquiera puede entender que, por el solo hecho de fichar por una banda terrorista, se asumían los riesgos consiguientes. Pero por ser concejal de tu pueblo o sargento retirado de la Guardia Civil, jamás debería de haber habido ninguno.
Ignacio Janín