Verano en el pueblo
Publicado el 20/07/2024 a las 08:18
En el pueblo se abren todos los sentidos. Hay quietud solar: estrellas que brillan, astros que centellean y cometas que lloran. La vía Láctea o camino de leche o camino de Santiago destaca por su luminosidad en las noches veraniegas. Un horizonte azul toma posesión del espacio celeste, mientras las tonalidades amarillas se hacen hueco cromático en los campos. Los días azules y despejados sorprenden. Las cosechas entretienen a los labradores. Las calores crecen, provocando sequedad. La naturaleza toma la senda agostada. Los vientos ardientes secan la tierra y alumbran posibles incendios. Las plantas forrajeras y las copas de los árboles mantienen el verdor. Las densas sombras se buscan para el descanso. Las fuentes pierden caudal. El río baja menguado. Las golondrinas con sus crías realizan sus últimos vuelos graciosos antes de marcharse a otros territorios.
Las moscas se refugian en las casas molestando e importunando a la familia, que se esmera en eliminarlas por todos los medios posibles. Los moscardones acuden al anochecer a las farolas. El canto de la cigarra y el zumbido de los insectos se admiten con agrado. Los grillos truenan con ruidos estridentes, cuando la temperatura es más alta. Las luciérnagas resplandecen en la oscuridad nocturna. Estas estrellas del follaje cumplen la función de lunitas curiosas y amables para con los niños. Las aves descansan agazapadas, protegidas de los rayos del sol. Al mediodía no se oye nada y se impone una calma que insonoriza los espacios. Todos buscan el frescor de las fuentes o las sombras deleitosas del bosque, huyendo de la canícula. Las flores muestran fragilidad ante los aguaceros. Al final del verano vuelve la otoñada, que con sus tonos primaverales colorea las praderas.
El calendario veraniego está marcado por tres nombres: Julio, en honor a Julio César, el mes de la recolección del trigo. Agosto recuerda al emperador Augusto, mes en el que derrotó a Cleopatra y Marco Antonio. Setiembre el séptimo mes del calendario romano.
Enrique Iriso Lerga