El poder de la decisión política
Publicado el 13/05/2024 a las 07:23
Estamos viendo cómo a diario las decisiones políticas afectan a nuestra vida de usuarios y ciudadanos como elementos imprescindibles de una sociedad en democracia. En el utópico mundo de la política, hay decisiones que de una manera importante no solo afectan en el día a día del ciudadano, si no que revisten para el ciudadano votante un importante grado de incomprensión ya que, en campaña, no se divulgan. Estamos ante un fraude de oferta política, entre lo que se oferta y al final lo que se ofrece. ¿Dónde está el límite de las acciones políticas para con la legitimidad de llevarlas a cabo?
Vemos claros ejemplos todos los días, el retiro de la Guardia Civil de nuestras carreteras, ¿se ha preguntado a los navarros si quieren esto? Debería ser cuestión de referéndum como se tratan las cosas de importancia, dejando a un lado cuestiones económicas o de Estado. No solo es aplicable a este caso en concreto, si no aquellos que tengan nivel de afectación superior o de rutina al ciudadano. ¿Quién con sentido común político haría algo en contra de lo que reclama lo pueblo? Lo hemos visto en las acciones de la actual Presidenta de Navarra cuando por todo donde aparece, recibe el calor del pueblo y después actúa en consecuencia. Nunca las decisiones políticas con afectación general al pueblo deberían convertirse en leyes de aplicación sin un referéndum de aprobación.
¿Acaso es normal que un propietario de una tierra en régimen privativo con escritura deba dejar un 2% de tierra sin cultivar porque lo diga una ley foral aprobada en 1990? “Compensación por roturación” lo llaman en el Departamento de Medio Ambiente. ¿Pero esto qué es? Lo comunal parece ser es suyo, ni de los ayuntamientos las escrituras no valen.
La presidenta del Gobierno de Navarra que ocupa el puesto actual por un consorcio que nunca jamás se volverá a dar, dice que ha sufrido presiones, podemos imaginar qué pensará el alcalde de Tudela para la Ribera ante este comentario... La aprobación de la depuradora de fangos en Tudela, el gasto de Belate y un largo etcétera. Es un suma y sigue, es el signo de la incapacitación, ha llegado el tiempo del cambio drástico, aquel que nos lleve a la senda del entendimiento y de la reconstrucción. Para ello, muchas leyes en Navarra deberán ser revisadas y derogadas.
Ángel Moracho Jiménez