Yo me bajo
Publicado el 04/03/2024 a las 07:21
Hace casi una veintena de años que vine a vivir a Pamplona. Motivos profesionales (y también algunos personales) me han llevado a Zaragoza prácticamente todas las semanas. Al principio iba en coche. Hora y media de puerta a puerta. Comodidad, libertad y rapidez.
Pero un día probé el tren. Ese cacharro pinturrujeado que bajaba a Zaragoza a las 7.39 y subía de Zaragoza a las 19.22. Casi dos horas y media. Una hora más que el coche. Menos cómodo y más esclavo del reloj. Si tomabas el tren de regreso un viernes, con mis 50 años (osea, el hombre invisible), te olvidabas de sentarte hasta más allá de Luceni. Te asabas o te helabas sin término medio. En casi 20 años, al menos, he leído mucho (unos 4 libros al mes), he hecho amigos (Ricardo que se bajaba en Tudela, José Antonio en Gallur, Marigloria en Pedrola, Javier en Zaragoza) y he vertebrado el territorio. Y esto último, entiendo, debería hacerme sentir orgulloso.
Hace algo más de un mes el gobierno que nos gobierna, con Presidenta, bombos, luces, flashes y Secretario de Estado, anuncia que el tren iba a cambiar. Y ese nuevo tren lo he aguantado 6 semanas. No más. Bajar a Zaragoza en un tren en el que ya es casi una tortura hacer Madrid Atocha - Parla es demasiado para el cuerpo. El asiento de goma se te clava en el culo antes de llegar a Castejón. Mi ancha espalda se sale del respaldo por los dos lados antes de Olite. Mis dos metros de cuerpo incomodan con mis piernas a quien tenga sentado enfrente ya antes de llegar a Tafalla.
En 20 años ni una mejora de un minuto. Ni uno. Y ahora esto. Yo lo siento. Me bajo. Volveré al coche. Y que vertebre otro, oye; que 20 años sólo es nada para el tango.
Carlos Andreu Pintado