El dilema de la tortilla
Publicado el 06/02/2024 a las 07:17
El 25 de diciembre, durante la comida de Navidad, surgió una discusión entre mi familia. El tema era si la tortilla de patata debía ser con o sin cebolla. La mesa se separó en dos opiniones y lo que comenzó como una animada charla acabó con el intercambio de insultos entre ambos bandos. En este tipo de debates donde se generan opiniones basadas en las preferencias personales, es prácticamente imposible cambiar la opinión del contrario. Es evidente que en estas discusiones no existen argumentos objetivos que puedan reforzar que tu gusto sea superior al de otros. Sin embargo, al no poder soportar el no llevar la razón, algunas veces, nos vemos inclinados a desacreditar y menospreciar a la persona que tiene una opinión distinta a la nuestra. En la mayoría de los casos, como fue en el de mi familia, se acaba riendo y el tema queda zanjado, pero en otros casos hay personas más susceptibles que pueden sentir que su opinión es infravalorada.
El problema está cuando esta tendencia se traslada a campos más serios e importantes, como puede ser la política. En lugar de exponer por qué las ideas o propuestas de uno pueden ser mejores o más beneficiosas, como lo único que importa es tener la razón, se humilla y desacredita al contrario. Esto convierte lo que debería ser un debate sobre la mejor manera de llevar al país al éxito en una discusión sobre la cebolla en la tortilla de patata.
Clara Ramos Meseguer