Principios básicos de convivencia
Publicado el 05/01/2024 a las 07:16
Los que nos hemos dedicado a educar en nuestra vida, tenemos claro que estábamos sentando las bases para que nuestro alumnado, en el futuro, fueran personas con unos conocimientos que les sirvieran para incorporarse al mundo del trabajo y con unos valores que les permitieran diferenciar lo que estaba bien de los que estaba mal, optando por lo primero y pidiendo disculpas y rectificando, si habían optado por lo segundo.
En estos tiempos que corren, estos objetivos deben seguir vigentes, pero las dificultades con las que se encuentra el profesorado, las familias y la sociedad en general, se ven aumentadas por unas prácticas muy lejanas de dichos principios de las personas que debieran, con su ejemplo público, contribuir a desarrollarlas y extenderlas. Cuando vemos que la mentira es la práctica cotidiana y la seña de identidad de algunos grupos sociales y, cuando se les recrimina, hay personas que bromean, disculpan y justifican la misma con “argumentos” que ni ellos mismos creen, se está haciendo un flaco favor a la sociedad en nombre de la que se atreven a hablar y a la que intentan engañar continuamente. Las personas se van dando cuenta de que además de mentirles, cuando tratan de justificarlo, se ríen de ellas a la cara, sin reparar en declaraciones altisonantes que contradicen lo que semanas o días anteriores, expresaban lo contrario de una manera rotunda.
La justificación de lo que está mal no es propio de ningún responsable público y debiera ser algo que inhabilitara para ostentar un cargo público; si a ello añadimos que ante un mismo hecho , y dependiendo del autor/a del mismo, la valoración es diametralmente opuesta, estamos poniendo las bases, entre otros motivos, para que el “todo vale” se vaya introduciendo en la sociedad y cada vez más personas crean que es un derecho. La ética queda como algo teórico que no tiene ningún reflejo en los comportamientos, cuando la base de la misma es su práctica coherente y un ejemplo a seguir.
Desde estas líneas animo a todas las personas con criterio a mantener los principios básicos de convivencia como son el respeto, la honestidad y el diálogo y, de igual manera, denunciar el sectarismo imperante en nuestra sociedad, que consiste en repetir una y otra vez el bien soy yo y el mal todos los demás. Ardua labor nos espera pero, si no lo intentamos, la sociedad que viene no mejorará la que tenemos.
J. Carlos Arellano Cangas