¿Ofender? No, se llama defender lo nuestro

Nuria García León

Publicado el 29/12/2023 a las 07:22

Hace unos meses envié una carta en nombre de mi familia como agradecimiento por la ayuda recibida por la Guardia Civil. Y cuál fue mi sorpresa que parece que somos muchos los que opinamos igual, pero seguimos con complejos en expresarnos. En esta ocasión quiero reivindicar lo nuestro, nuestras costumbres y tradiciones. Defender no es atacar ni ofender. Yo soy mucho de expresar mi opinión y sentimientos antes de pensar y contar hasta 10. Y más en momentos de tensión o épocas intensas, como estos días. En estos casos, puede que alguien se haya sentido ofendido. Si ha sido así, desde aquí pido disculpas. Pedir perdón también lo suelo practicar.

Estos días he conocido varios hechos que me han hecho pensar que debemos dar un paso al frente y empezar a reivindicarnos, y más en estas fechas. A todos aquellos que se han postulado como los defensores de nuestros derechos, y libertades, que se lo hagan mirar. Que lo que tenemos que hacer entre todos es velar por transmitir nuestra historia y costumbres, y visto que de los libros se está haciendo lo posible por hacerlas desaparecer, por favor, que se transmita al menos de forma oral, como se ha hecho desde el principio de los tiempos. Porque va a haber un momento que por no ofender, vamos a acabar con las celebraciones navideñas por ejemplo. No es normal que en una planta de un centro hospitalario de nuestra querida ciudad, los responsables de planta se hayan negado a poner, como viene siendo tradición, el belén. Que no molesta y que incluso da alegría ver las luces. Motivo: el no ofender a pacientes de otras religiones o que profesen otras creencias. Y resulta que en la planta de urgencias una señora mayor, que ha sufrido una rotura de cadera y que tiene otras complicaciones, tenga que sufrir en compañía de su hija, en plenas Navidades, tres horas en un box, esperando a que la suban a planta, frente a otra señora que aparentemente profesaba otras creencias y se pasó todo el tiempo cantando y recitando a viva voz sus rituales y cánticos, invocando la ayuda de su ser superior, molestando a pacientes y acompañantes, y que ningún responsable se atreviera a llamarle la atención… Señores, su libertad termina donde empieza la mía. Y si a nosotros se nos pide respeto, que haya igualdad. Igualdad que profesa por ejemplo Cáritas o los centros parroquiales, que sobre todo en estos días están disponibles para todos 24/7.

Olvidemos nuestros prejuicios, y saquemos el orgullo de ser quienes somos, de nuestras tradiciones y costumbres, siempre con respeto, pero al mismo tiempo haciéndolas respetar. Un pueblo sin historia y tradiciones tiende al olvido, y el olvido desemboca en la desaparición.

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