Opinión
"La primera vez que subí a un atril para hablar en público fue un fracaso. Encendí el botón, acomodé el micrófono, miré a la gente... y me quedé en blanco"
Qué importante es la oratoria y cuánto aciertan los centros educativos que apuestan por potenciarla


Publicado el 14/05/2026 a las 08:38
La primera vez que subí a un atril para hablar en público fue un fracaso. Encendí el botón, acomodé el micrófono, miré a la gente... y me quedé en blanco. No supe qué decir. Así que regresé avergonzando a mi sitio. Fue en el viejo Parlamento de Navarra, en una visita escolar en la que yo no tendría más de una docena de años y allí aprendí que no está de más eso de pensarse las cosas dos veces antes de saltar voluntario al ruedo. Ya luego, con los años, y por razones profesionales, he confirmado que lo de dirigirse a la gente a viva voz tiene su miga. Su aquel.
Es por eso que sigo asombrado por dos ejemplos de esta semana, sobre todo, con el de Javier Fernández, un chaval que con apenas 12 años ha deslumbrado a propios y extraños al dirigirse a Felipe VI como ganador de Navarra del concurso ¿Qué es un Rey para ti? Si no han visto el vídeo, les recomiendo buscarlo en internet. Increíble. Por la dicción, el discurso, la cadencia y la profundidad de su mensaje. Un alegato en favor de la diversidad y de reconocimiento a las mujeres que le han acompañado en su vida que no les dejará indiferentes. El monarca, sorprendido, no pudo sino confirmar lo que todos pensaban: “Hablas mejor que personas con más décadas que tú, incluido yo mismo”.
Y si de enhorabuena es el trabajo de este alumno de FEC Vedruna de Pamplona, el segundo caso también es de campanillas: tres estudiantes de Secundaria de Miravalles-El Redín elegidos entre los mejores oradores de España. En Inglés. Dos chicas y un chico. Y su centro, mejor colegio en la materia. Casi nada.
Hace unos días, en un partido de fútbol como visitante del heredero, esperaba sentado al inicio cuando un jugador local se acercó y me soltó de carrerilla: “Señor, disculpe, vamos a cerrar esta zona del campo y le agradecería que se retirase al otro lado de la valla. Ahí podrá seguir el encuentro mejor”. ¡Aleluya! Pífanos, tambores y música celestial. Era en un colegio de la Chantrea. Le di las gracias porque sólo esperaba oír un: “Quita de ahí bro, que vamos a chapar”. Como si les cobraran por palabras. Pero no. Se ve que no a todos los Millenials ni de la Generación Z les da pavor hablar en directo. Y no sólo vía mensaje. Qué importante es la oratoria y cuánto aciertan los centros educativos que apuestan por potenciarla.