La religión, la fe y la política

Fermín Torrens Alzu

Publicado el 01/10/2023 a las 08:12

Es llamativa la disciplina de voto de los partidos a la hora de aprobar medidas que en muchos casos el ciudadano de a pie no entiende. Pero más llamativo aún es la uniformidad de justificaciones por parte de los miembros de los partidos políticos.

Recuerdo en mi niñez los actos de fe en aquellas verdades rebeladas que mis compañeros y yo no entendíamos pero, ante nuestra insistencia, nuestro profesor de Religión nos indicaba que tanto la transustanciación como la trinidad era algo que teníamos que creer por ser cristianos aunque a un niño eso de que tres personas eran Dios y eran uno y el pan y el vino que se convierte en sangre de Dios no nos acababa de convencer si usábamos la razón para ello, aunque lo aceptáramos.

Cuando veo la llamada disciplina de partido me ocurre algo parecido, supongo que sus señorías no entienden o no están de acuerdo con lo proclamado por el líder pero están dispuestos a decir amén a todo con tal de no ser condenados al ostracismo. Dudo mucho que todos los militantes de la derecha estuvieran de acuerdo en oponerse a la ley del aborto, la reforma laboral o cualquier otra que proponga la izquierda y me cuesta también creer que todos los militantes de izquierdas están de acuerdo con la deriva que el actual presidente ha tomado respecto al conflicto catalán. Sin embargo, nadie es capaz de no votar lo que manda el gran jefe .

Hay dos motivos para ello: el primero es que la mayor parte de nuestros representantes son profesionales de la política y, por lo tanto, si no están de acuerdo se cumplirá la máxima de que hay amigos íntimos, amigos, conocidos, enemigos, enemigos acérrimos y, por último, compañeros de partido con el colmillo afilado para quitarte de en medio y ocupar tu puesto.

Otro motivo es que al ser las votaciones no secretas cualquier voto en contra de alguna ley es rápidamente sancionado por el poder supremo, dejando a la democracia a la altura del barro. Es evidente que no se quieren cambiar las costumbres porque no dejan de ser los partidos, como decía el señor Iglesias, una casta cerrada donde ya está establecido lo que cada uno tiene que decir. La paradoja es que quien así lo decía y sus compañeros no han cumplido con el ejemplo, supongo que por eso se ha retirado de la política.

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