Hacerse mayor
Publicado el 30/09/2023 a las 08:28
El otoño meteorológico ya está aquí. Y con él, el otoño de nuestras vidas. El tiempo corre que vuela y mi generación se está haciendo mayor. Y me encuentro con unos y con otros, con aquellos y aquellas con quienes bailábamos el chistu en el Bosquecillo, patinábamos en la pista de la Media Luna o paseábamos arriba y abajo por Carlos III. Y se me encojen las entrañas al ver los estragos que ha hecho el paso del tiempo en todos nosotros. Y, ¡para qué hablar de las goteras que nos acompañan a casi todos! A algunos les fallan las piernas, a pesar de las prótesis de cadera o rodilla, a otros la espalda con sus vértebras averiadas o sus discos desaparecidos en combate, quien más quien menos flojea de la vista, operaciones de cataratas incluidas, a otros les falla el oído y deben recurrir al audífono tras años de acúfenos y falta de equilibrio al caminar. Más que común el problema de la próstata o las incontinencias urinarias en ambos sexos. Por no hablar de esos dolores en las articulaciones, que los galenos atribuyen a la artrosis y que hacen que vivamos empastillados casi todo el año, por la artrosis, por el colesterol, por la tensión o por el Adiro famoso, sustituto de la aspirina de toda la vida, que toma uno sí y otro también. Otros vivieron -los que vivieron- temas más serios donde hubo que extirpar tumores malignos, pero que por suerte pueden contarlo, aunque todavía algunos estén pagando el peaje de la quimio.
Y con este preámbulo, ¿qué podemos esperar? Es verdad que los proyectos a largo plazo van desapareciendo, seguramente no volveremos a hacer obras en casa y el coche que tenemos sabemos que será el último, por eso lo cuidamos tanto. Es verdad que estamos en la Europa de las dos velocidades y la nuestra es la lenta, la que viaja en locomotora antigua, mientras la juventud que circula en los trenes del alta velocidad nos adelanta. Y lo que antes hacíamos en tiempo récord ahora nos cuesta una eternidad. La tecnología nos supera por los cuatro costados y no podríamos circular por internet si no fuera por la ayuda de hijos o nietos. Y lo peor, es que todos sabemos que después del otoño vendrá el invierno -con su decadencia a cuestas- y no queremos dar guerra..
Aún así repito, ¿qué podemos esperar? Pues muchas cosas. Entre otras, seguir creciendo, no sólo en edad, dignidad y gobierno, como se decía antaño, sino por ejemplo en conocimientos. Resulta envidiable la cantidad de jubiletas que acudimos a los cursos de extensión universitaria en la UPNA a empaparnos de historia, literatura, arte, música, biología, economía o salud, entre otros. Hay a quienes les da por los idiomas con la excusa de que tienen un hijo en Londres. Y a más a más, la gente mayor lee como nunca se ha leído. En cuanto al cuidado físico los civivox y similares están llenos de personas mayores que acuden a cultivar su cuerpo, por no hablar de los interminables paseos que a diario realizan en las estupendas zonas verdes que rodean nuestra ciudad. A otros les da por viajar, viajes nacionales o internacionales, que para todo hay. Y ya, por si todo esto no fuese suficiente, está el cuidado de la familia. ¡Cuántos abuelos dan su tiempo y su amor a los suyos! Hijos que pueden seguir trabajando -y pagar la hipoteca- porque los abuelos cuidan de los nietos.
Y, finalmente, otra cosa que podemos esperar de esta edad maravillosa, además del agradecimiento a Dios, a la vida o al destino por haber llegado hasta aquí, podemos esperar digo -ahora que tenemos tiempo- es ir creciendo “hacia dentro” hacia ese conocimiento y relación con quien nos habita.