El encierro, la vida
Publicado el 12/07/2023 a las 07:07
Cada día de encierro, el corredor nace y vive una vida de intensidad suprema. Los nervios y la pasión lo despiertan antes del amanecer, vueltas y vueltas hasta levantarse y empezar la liturgia de esa nueva vida. Se viste sus ropas más blancas, se calza sus zapatillas, se pone la fajilla y el pañuelico rojo y sale a la calle, se dirige a su punto de reunión, Cuesta de Santo Domingo, Mercaderes, Estafeta, Telefónica... cada uno elige el inicio de su vida.
Reunión, reencuentro, recuerdo, llega el preludio de lo esperado, el cántico “A San Fermín pedimos... dándonos su bendición”.
Los nervios se acentúan y la emoción es indescriptible, el corazón se acelera, se enciende la mecha y el cohete asciende, explosión, silencio, el corazón se para por el estruendo una milésima de segundo y después todo se olvida, todo se desborda, se inicia la carrera de la vida, a lo lejos los ve venir y empieza a correr, mira adelante y atrás, el momento se acerca, carreras, empujones, caídas, pisotones, por delante la vida, por detrás el negro, el de los cuernos.
Cuando se acerca es el momento, corre, da todo de sí, empuja y se protege, es la vida y corre hacia él, lo busca y lo toca... éxtasis, plenitud, avanza a su lado sintiendo su calor y su energía, momento álgido de plenitud que dura un suspiro infinito.
Pero ese momento pasa, y el corazón le explota y las piernas le revientan, y por detrás siente el aliento de otro hermano del negro, del de los cuernos, el aliento que se acerca y el pitón que se intuye, se intuye cada vez más cerca y tiene que acertar con el momento preciso de separarse, de ir dejando el paso y el sitio a otro. Se aparta y ve pasar al resto, se para, se agacha, toma aire y mira hacia atrás. Compañeros en el suelo, golpeados, pisoteados, magullados. Al final todos se levantan, pletórico y exultante se abraza a otros corredores, en esos abrazos aun sienten como sus corazones quieren salirse de sus pechos. Empieza a bajar el ritmo cardíaco, aunque no la emoción y la incertidumbre, suena otra explosión. El encierro a terminado, la parte álgida de la vida llega a su fin. Ahora pregunta, se interesa, ¿como ha ido?¿alguna cogida? Esta vez todo ha ido bien.
Sus pulsaciones van bajando, pero la emoción se mantiene, momento de compadreo, almuerzo, rememorar esos segundos infinitos, esas sensaciones inexplicables.
Pasan unas horas y el agotamiento le vence, la relajación llega y se desvanece encima de su cama, la vida de hoy se acaba, vida intensa, vida corriendo con la vida, vida que hoy sobrevive, y que mañana se vuelve a jugar la vida.