Antilengua
Publicado el 12/03/2023 a las 08:06
El prefijo “trans” aporta, a cualquier palabra de que se trate, la acepción de “al otro lado” que, si se aplica al lenguaje inclusivo, significa “cambio de estado” o “condición”. Esa manera de hablar, en la que tal término cambia de categoría y adquiere el valor de adjetivo se halla, pese a su extemporáneo lanzamiento político, en sus inicios y, por lo tanto, carece de finura léxica y de otros recursos heredados del griego y latín, los cuales darían mayor relieve a la idea de igualdad, junto con el rigor, buen gusto y voluntad del estilo de los mayores escritores.
En cambio, si tales formas de expresión se ejercen sin asesoramiento de especialistas, dan lugar a un lenguaje alternativo de palabras trabadas sin acierto, que convierten nuestro rico y expresivo idioma en un discurso impracticable de habladuría hecha sin el menor cuidado. Por lo que, llegado el caso y, ante la doble posibilidad de verme obligado a decir o escribir “la culebra-macho” o “el culebro”, me decidiría siempre por la primera opción, según dispone la RAE. Por el contrario, la elaboración de un modo de locución elegante y preciso, acorde con la igualdad genérica del mundo real, exige un alto nivel de preparación, imparcialidad, madurez y adiestramiento en el manejo de reglas gramaticales genuinas, aplicadas con cuidado y sin aceleración; justo lo contrario de lo que, al parecer, se está haciendo ahora, si tomamos en cuenta el proverbio burlón de Horacio: “Parturiunt montes, nascetur ridiculus mus”, (“paren los montes, nacerá un ridículo ratón”); o más bien: resultados ínfimos, después de pomposos anuncios.