Transición a la vida adulta

Daniel Erviti Palacio

Publicado el 11/03/2023 a las 08:30

Me encuentro mirando desde la ventana de la que ha sido mi casa estos últimos meses, se trata de la República Checa. En este momento estoy reflexionando ante una situación muy típica de cualquier estudiante una vez acabados sus estudios, ¿Qué será de mi vida ahora? Uno sigue unas pautas académicas y trata de alcanzar unos objetivos que considera que son importantes para una vida mejor. Una vez superados esos retos, uno llega a la meta con la sensación de haber sido premiado por los logros que ha alcanzan durante ese largo camino.

A su vez, uno se da cuenta de que automáticamente se cierra una gran puerta de una etapa llena de momentos y recuerdos inolvidables, pero recordando los obstáculos y dificultades que se interponen en ese ciclo. Es una evidencia que cuando se cierra una puerta en nuestras vidas, nuestro deber es abrir otra. Pero en este caso nos encontramos en un pasillo infinito con numerosas puertas en la que no sabemos cuál escoger. Nos imaginamos que puede haber detrás de cada una e incluso a veces la abrimos cautelosamente y nos asomamos, pero por el momento no entramos. La cantidad de accesos de los que disponemos simbolizan las oportunidades que tenemos lo jóvenes de hoy en día en comparación con las anteriores generaciones. Recorremos el pasillo numerosas veces, pensando en una matriz de aspectos cotidianos que condicionan nuestra elección: la pésima situación laboral y política de nuestro país, las grandes oportunidades en el extranjero, nuestra familia, amigos, pareja, etc. Dicha elección es muy complicada puesto que algunas puertas tienen la posibilidad de volver al pasillo y escoger una de nuevo, y algunas de estas no lo contemplan. Recorriendo el pasillo, uno se da cuenta de que ha comenzado otra etapa de su vida, se trata de la vida adulta, una etapa en la que se prescinde de las libertades y despreocupaciones anteriores.

Finalmente, uno escoge una puerta con mucho miedo e incertidumbre. Esta elección, conlleva un camino, este puede ser corto o largo. No debemos tener miedo al fracaso puesto que forma parte de la vida, supone un aprendizaje y como seres humanos nos equivocamos. Uno debe vivir con la paz de que existe una puerta en ese pasillo en el que no deseará volver y comenzará a abrir puertas dentro de ese camino que ha decidido recorrer.

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