Requiem por Canal Roya

Esteban Iraburu Elizalde

Publicado el 20/02/2023 a las 07:09

Agosto de 1990: cinco amigos recorremos la Canal Roya rumbo al Anayet, asombrándonos a cada paso: la Punta de las Negras (el “falso Anayet”), el cambio del bosque al prado, la Rinconada, con su dolmen y lo que aparenta ser un muro infranqueable, pero que un hábil sendero permite superar con facilidad. Los ibones de Anayet, y la subida final a la cumbre, con su punto de dificultad. Todo en espiral alrededor del Anayet, chimenea volcánica hermana del cercano Midi d’Ossau. Desde esa primera vez he podido volver una veintena de veces, gracias a Dios, descubriendo rutas alternativas y cimas menos visitadas. Todo un lujo. Estos días el Gobierno de Aragón se enorgullece de la próxima unión de las estaciones de esquí de Formigal y Astún, aunque implique la destrucción de la Canal Roya, montando un telecabina de 4,5 km justo en su cabecera, con una estación intermedia en la Rinconada, y metiendo 8km de pista de servicio y evacuación a lo largo de toda la Canal, la más bonita del valle.

Como el promotor es el mismo que el que concede la declaración de impacto ambiental, no habrá problema, como no lo hubo con Espelunziecha, ni con Castanesa, ni con el Collado de Izas. La sentencia parece firme. R.I.P. Al menos se ha oído alguna voz en contra, como la de la Federación Española de Deportes de Montaña.

Me dan pena los que solo saben mirar las montañas a través del esquí alpino, un deporte de 3 meses al año que destroza el paisaje para toda la vida. No estoy en contra del mismo, pero las montañas y los valles están ahí los 12 meses, y el turismo de a pie, mucho más sostenible, menos concentrado y menos masificado, también necesita sus espacios. No hay nada más desolador en verano que una estación de esquí alpino. Por otro lado, para empresas y trabajadores es mejor tener actividad 12 meses al año, en vez de 3 meses agotadores. Basta conocer un poco la zona para ver que el proyecto ofrece más inconvenientes que ventajas. Las estaciones conectadas no tienen problemas de espacio esquiable: su principal problema son las carreteras de acceso, especialmente a Formigal. La Canal Roya está muy expuesta a aludes y desprendimientos, meter una pista requerirá una obra faraónica y tendrá un alto coste anual. Para colmo, el esquí pirenaico, tristemente, tiene fecha de caducidad por eso de que cada vez hay menos invierno, y cuando pasen los años solo quedará el destrozo.

“Ojalá que puedas conocer los veranos que he vivido yo, (...) ojalá que puedas conocer un mundo como el mío”, cantaba Mocedades a ritmo de Beethoven. No será así en el valle del Aragón. Por suerte todavía nos queda el Pirineo francés, con su parque nacional: ahí son mucho más conscientes de los valores que custodian.

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