La vocación
Publicado el 07/02/2023 a las 07:19
En casa estamos de enhorabuena: uno de mis hijos acaba de encontrar su primer trabajo. Es un puesto de electricista en el mantenimiento de una empresa. Estaba el muchacho algo alicaído porque el sueldo no le parecía todo lo bueno que esperaba. Y es verdad, para qué nos vamos a engañar, con la que está cayendo no le va a dar para muchos lujos.
Sin embargo, he intentado animarle exponiéndole algunos aspectos que no se había planteado. En primer lugar, es su primer trabajo y hay que tener en cuenta que la carencia de experiencia previa le penaliza. En segundo lugar, solo ha necesitado dos años de formación para realizar un grado superior de formación profesional y ponerse a trabajar. Yo, por ejemplo, tuve que estudiar seis años de Medicina, realizar el examen MIR, formarme cuatro años para ser especialista, volver a presentarme al MIR porque no había trabajo en mi especialidad (parece ser que en el Ministerio de Sanidad no ponen a los más listos para calcular cuántos médicos hacen falta en este país de cada especialidad), volverme a formar como especialista otros cuatro años y por fin conseguir una plaza por concurso-oposición después de estar tres años con contratos de seis meses. Para llegar a donde estoy ahora. Donde siempre he querido estar. Adjunto de Anestesiología y Reanimación, médico de la sanidad pública navarra. Un camino de rosas. Sobre todo por las espinas.
“Un médico de la sanidad pública navarra, que acabe de pasar esta odisea, y esté tan loco como para querer pasar una consulta por su cuenta en sus horas libres, va a cobrar de la Hacienda Foral aproximadamente el doble que tú por meter las mismas horas. En bruto, ojo, en neto bastante menos del doble. Para entonces tendrá alrededor de 30 años, con suerte”. El argumento pareció animarle, aunque me pareció notar cierta expresión de incredulidad en su cara. “Además veo que te pagan las horas extras de fin de semana solo dos euros brutos menos de lo que me pagan a mí por cada hora de guardia de fin de semana. Incluidas las madrugadas… Con el IRPF las cobras bastante mejor que yo”. Esto ya directamente no se lo creyó, tuve que enseñarle la nómina. “¿Quieres decir que después de seis años de carrera, ocho de formación, dos especialidades, tres oposiciones y casi treinta años ejerciendo de médico en la pública te pagan las horas de fin de semana peor que a mí?”, me preguntó con cierto tono zumbón. Reconozco que me tocó la fibra. “Sí, bueno, pero a nosotros a veces hasta nos aplauden. Y lo mío es vocacional”. Se quedó un momento callado… y luego estalló en carcajadas. Hasta lloraba el condenado.
De todo esto me queda la alegría de darme cuenta que mi hijo es bastante más espabilado que su padre. La vocación. Ay, la vocación. Ojalá computase en nómina. Como no es así (más bien es usada como pretexto para pagarte menos de lo que debieran) lo mismo aprovecho la generosísima dádiva del Gobierno de Navarra. Ahora parece ser que nos van a dejar trabajar en nuestras horas libres sin quitarnos sueldo, siempre que sea en algo que no esté relacionado con la medicina. No me vendría mal algún trabajillo para cuadrar el balance, pero ¿para qué puñetas sirve un médico que no se dedica a la medicina? ¿Charcutero? ¿Apicultor? ¿Pitoniso? ¿Político del Departamento de Ocurrencias? Le voy a preguntar a mi hijo a ver si necesita un becario…
Ernesto Fernández Basterra, FEA Anestesiología y Reanimación. Hospital Reina Sofía (Tudela) Especialista en Hematología y Hemoterapia.