Abrazos de papel
Publicado el 26/12/2022 a las 08:25
Es un día cualquiera de finales de diciembre. Vuelvo a casa después de trabajar, malhumorado, con el frío metido en el cuerpo y un hambre atroz. Mientras espero en el portal a que llegue el dichoso ascensor, aprovecho para vaciar el buzón, que buena falta le hace. Lo de siempre: facturas, catálogos de juguetes, otro folleto -¡otro!- sobre cómo utilizar correctamente los contenedores de basura, publicidad… Y, de pronto, el milagro: ¡habemus carta! Una carta de verdad, en un sobre también de verdad -anchote, recio, tirando a cuadrado, no como esos insípidos rectángulos burocráticos a los que nos tienen acostumbrados administraciones y bancos-, con mi nombre y dirección escritos a mano en tinta azul y un bonito sello. ¡Adiós al mal humor, al frío y hasta al hambre! Una vez dentro del ascensor la impaciencia me vence y me hago un lío con la carta, las llaves, el catálogo de la juguetería y la dichosa campaña de reciclaje, hasta que, por fin, consigo abrir el sobre -más bien destrozarlo- et voilà! La primera postal de Navidad del año recorre el pasillo en triunfo hasta su puesto de honor en el salón, junto al Nacimiento.
Alguien -no importa quién- se ha acordado de mí lo suficiente como para invertir su tiempo y atención en escoger una tarjeta, garabatear en ella unas palabras de cariño y enviármela. Todo un milagro de Navidad en pleno siglo XXI, porque como todos sabemos es muchísimo más cómodo, limpio y moderno felicitar las fiestas compartiendo por WhatsApp uno de esos vídeos horteras con la marca del reenvío convenientemente señalada en el margen izquierdo, claro que sí… Memes, GIF, audios: todo vale. Hasta el enésimo esperpento de Leticia Sabater es mejor que tomarse la molestia de sentarse a recordar cómo se cogía el bolígrafo y dónde diablos se tenían que poner el remite y el sello. O tempora, o mores!
Y sin embargo, ¿hay mayor ilusión que recibir unas líneas escritas a mano por alguien que sabemos que nos quiere? ¿Hay emoción comparable a la de desgarrar un sobre fantaseando sobre su contenido? Las distancias se anulan, el espacio se contrae y por un instante sentimos que esa persona está aquí, a nuestro lado, deseándonos de corazón toda la alegría del mundo… Dios bendiga a todos aquellos que aún se dignan a mandar estos abrazos de papel, estos pequeños pedazos de felicidad postal sin los cuales nuestra Navidad sería un poco menos Navidad. Y si acaso alguno de ustedes, queridos lectores, se está planteando dar el paso, yo le animo con todas mis fuerzas a que lo haga: aún hay tiempo.
Pablo Blanco del Moral