Generación de cristal
Publicado el 12/12/2022 a las 07:11
Me toca, por trayectoria y momento profesional, estar en contacto casi diario con pacientes que se encuentran en la veintena. Es tremendamente estimulante acompañar en lo emocional a chicos y chicas que se inician en la etapa adulta y que atraviesan un cambio de ciclo que en muchos casos tiene como marca distintiva el inicio de la etapa universitaria o la vida laboral.
El contacto directo con “la generación z” y los proyectos en los que tengo la suerte de estar inmerso despiertan en mí un gran interés por profundizar en las características distintivas de esta generación a la que también se la denomina “de cristal”. Cuando comparto momentos con ellos y ellas, de vez en cuando, me gusta mencionarles que, efectivamente, la sociedad ha decidido definirlos con la vulnerabilidad que caracteriza a este material que, con un golpe no demasiado contundente, se rompe en pedazos. La realidad que venimos observando los profesionales que trabajamos en salud mental parece sugerir que estos chicos efectivamente llegan a la etapa adulta con una vulnerabilidad psicológica que no era tan común ni tan marcada en generaciones anteriores.
Las causas de este fenómeno generacional están lejos de ser conocidas al menos con rigor y profundidad, pero si que puede ser interesante mencionar algunos fenómenos que han sucedido desde más o menos el año 2000 que es cuando esta generación estaba llegando al mundo. En 2008 la progresión económica que acompañaba a España al menos desde la transición se corta con una gran crisis económica global. Los jóvenes adultos de esa primera parte de los años dos mil habían vivido una época de bonanza, crecimiento y estabilidad laboral que, en muchos de los casos, permitía ofrecer a la siguiente generación algunas facilidades que quizás no tuvo la anterior, con lo bueno y lo malo que esto pudiera traer.
Para 2010 ya tenemos Whatsapp, Instagram y Twitter a pleno rendimiento en todos nuestros dispositivos y en estos años la generación Z entra, grosso modo, en la preadolescencia. Seguro que los efectos de la hiperconectividad constante con el entorno y la exposición permanente no son menores. En 2020 llega la pandemia mundial del Covid-19 que consigue que muchos de ellos se pierdan parcial o totalmente un año como mínimo de contacto directo con sus familiares, compañeros de clase o de trabajo, así como muchas de las actividades sociales que hubieran realizado de no ser por ello. Ahora en 2022 se aventura una actualidad incierta, con una amenaza climática que parece alcanzar el punto de no retorno y un tono de guerra que creíamos relegado al siglo pasado y que afecta directamente al mundo laboral que los recibirá en unos años o que ya los está recibiendo.
Sin lugar a dudas, el fenómeno que menciono en estas líneas, es mucho más complejo y alberga más factores que algunos momentos históricos concretos. Por ello debe ser bien observado y estudiado con el fin de poner a disposición los medios necesarios para cargar a la generación que nos ocupa con las herramientas que les permitan lidiar con el mundo en el que les ha tocado vivir. No se trata de algo menor. Hablamos de muchos de nuestros jóvenes que no están siendo capaces de vivir con salud y bienestar una etapa que será clave para el resto de su camino.
Arturo Lecumberri Martínez, psicólogo general sanitario en Clínica Universidad de Navarra, exconcejal de juventud del Ayuntamiento de Pamplona