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Lo único que me queda

  • Ana Isabel Rodríguez Sánchez
Publicado el 01/12/2022 a las 07:36
Estamos a 29 de noviembre de 2022. Tras 43 días de huelga indefinida de las instalaciones deportivas de Navarra, lo único que me queda es manifestar mi protesta en los medios de comunicación. Soy socia de la Ciudad Deportiva de Sarriguren desde hace más de diez años. El 19 de septiembre de 2022 contraté el abono activo del centro, que me costó 181 euros y que me da derecho a asistir a actividades como spinning, body pump…
Desde el día 18 de octubre de 2022, no puedo acudir a mis clases a causa de una huelga indefinida que no parece tener fin. A través de la prensa y redes sociales he sabido que la Ciudad Deportiva de Sarriguren está gestionada por Gesport, empresa contratada por el Ayuntamiento del Valle de Egüés y que, a su vez, forma parte de Agedena (Asociación Navarra de Empresas Gestoras de Servicios y Equipamientos Deportivos de Entidades Públicas y Privadas). Por los mismos medios, me he enterado de que ambas proponen aumentar un 4,5%, lo que les corresponde por las tablas del convenio, el sueldo de los trabajadores de mi polideportivo. El de todos salvo el de los monitores, quienes cobran por horas por encima de las tablas del convenio al llevar a cabo un trabajo físico que desgasta y puede producir lesiones. Imaginemos que un monitor cobra 20 euros por clase: 10 euros por tablas y 10 por complementos; a este monitor le subirían el 4,5% de los 10 euros de las tablas, pero no el 4.5% de los 20 euros finales o totales.
Y todo esto sin convenio: sin tener nada firmado, el año que viene podrían echarse para atrás. Desde la rabia y la impotencia, como usuaria de unos servicios y como trabajadora que gusta del reconocimiento y retribución justos por su actividad laboral, solicito por orden de importancia que se actúe con ecuanimidad en lo relativo al sueldo y condiciones laborales de todo el personal de la Ciudad Deportiva de Sarriguren. No solo de los empleados de recepción, mantenimiento o limpieza, cuyo trabajo considero imprescindible e impecable. También de los monitores: siempre con humor y profesionalidad, no solo preparan y conducen las clases, corrigen posturas erróneas o asesoran sobre los porcentajes de actividad idóneos en cada caso; además, sudan la camiseta como el que más y, desde luego, son el alma de la fiesta (para mí, asistir a sus clases constituye una fiesta de la que llevo privada ya 43 días).
Y, en segundo lugar, que se me devuelva el importe pagado por unas actividades que, insisto, llevo 43 días sin poder disfrutar.
Ana Isabel Rodríguez Sánchez
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