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Putin vuelve donde solía

  • Gerardo Castillo Ceballos
Publicado el 26/09/2022 a las 07:34
Pienso que para entender la guerra en Ucrania es preciso recurrir a la memoria histórica. Por supuesto, no a la que inventa Rusia y difunde con su poderoso aparato de propaganda, que está induciendo a confusión a muchas personas. En ella se presenta al invadido (Zelenski) como el malo de la película y al invasor (Putin) como el bueno, porque solo se propone liberar a los prorrusos de Ucrania de su supuesta marginación. Putin ya no puede ocultar la nostalgia por su pasado como comunista soviético y como espía de la KGB. Hasta ahora se ha escondido tras el disfraz nacionalista, a diferencia de los comunistas de occidente, que adoptaron el disfraz de socialdemócratas. Putin quiere pasar a la historia como el gran líder que reunificó la URSS, empezando por la nación más rica -sobre todo en cereales- y supuestamente más vulnerable. No todos los expertos aceptan que Putin siga siendo comunista. Se basan en que no pertenece al actual partido comunista, sino al de Rusia Unida. Pero no saben explicar por qué Podemos y otros partidos comunistas están apoyando a Putin en la injustificable invasión de Ucrania. El comunismo ya había sido desenmascarado antes de que se disolviera la URSS, con la publicación de “Archipiélago Gulag” por Alexander Solzhenitsyn. Lo escribió en la clandestinidad y se publicó en Francia. El que sería famoso escritor y Premio Nobel de Literatura en 1970, fue condenado en su juventud a diez años de trabajos forzados en un gulag de la estepa de Siberia, por una supuesta traición a la patria, consistente en una crítica a Stalin en una carta interceptada por la KGB. El libro “Archipiélago Gulag” describe como se realizaban los arrestos, el traslado secreto en trenes anónimos a los campos de trabajo y los interrogatorios con tortura. Tras la publicación del libro apareció un artículo en Pravda titulado “La senda de la traición”, en el que se afirmaba que era un libro calumnioso escrito por un traidor a la patria. Se añadía que la historia de los campos de trabajo no era más que una invención maliciosa. Solzhenitsyn admiraba mucho a Juan Pablo II. Ambos contribuyeron a la caída del comunismo. El legado de Solzhenitsyn sigue siendo valorado por personajes de diferentes ideologías, pero no faltan los que lo minusvaloran o lo silencian. Debieran reconocer, al menos, el coraje de quien desafió a solas a la tiranía soviética.
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