La lectura en voz alta
Publicado el 18/09/2022 a las 08:07
Leo el acertado artículo de Sonsoles Echavarren, publicado el 18 -IX-2022 en DN, “Escuchar cuentos a la sombra del árbol, con el título de “Behin Batean” dentro del I Festival de Narración Oral de Navarra. Excelente actividad para niños y adultos. Sigamos el consejo de Miguel de Unamuno, publicado en “El poder de la palabra” (1931): “Que la gente aprenda a leer con los oídos, no con los ojos. Temo que mueran mis palabras en los libros y que no sean palabras vivas. Una palabra es la esencia de la cosa. Cuando Adán dio nombre a las cosas, las humanizó”. Leer en alto es compartir lo que revela el texto escrito. No es un acto privado. El lector está obligado a ser puntilloso , a leer sin saltarse los párrafos, a no poder regresar a las líneas leídas . Proporciona al texto una identidad respetable, un sentido de unidad en el tiempo y una existencia en el espacio. La audición provoca espectáculo, emoción, ritmo y melodía. El oyente se acomoda al ritmo del lector y se deja cautivar por la belleza de las palabras, que se hacen más vivas. El arte de leer en voz alta tiene una larga historia. Se encuentra en el origen de la palabra escrita. La escritura habla, la lectura se escucha . En todas las épocas históricas los textos escritos se han leído en voz alta y en escenarios abiertos y cerrados. Los textos medievales exhortaban una y otra vez a prestar oídos a un relato. En los monasterios los monjes leían con los labios a la vez que con los ojos. En el Celoso extremeño de Cervantes aparece una dueña que leía en voz alta a las criadas de la casa. También los capellanes leían en voz alta a las mujeres para instruirlas y entretenerlas en la España barroca del Siglo de Oro. En la época contemporánea las fábricas de tabaco de Cuba contaban con lectores contratados, que en voz alta leían libros a los operarios cigarreros.
En España se produjo un caso singular. Dando ejemplo de sus recomendaciones pedagógicas, Benito Pérez Galdós, enamorado de Toledo, mostró al Doctor Marañón un lugar idílico, apropiado en la época para vencer los rigores del estío. El Dr. Marañón compró en 1921 la finca señorial de recreo, ubicada en la orilla derecha del río Tajo, a la que puso el nombre de cigarral los Dolores en honor a su esposa Lola Moya. En el Cigarral, Unamuno leyó en voz alta “ San Manuel Bueno y Mártir”, y recitó los versos del célebre poema el “Cristo de Velázquez”. Lo mismo hizo Federico García Lorca con su obra dramática “Bodas de Sangre”, antes de su estreno teatral ante un auditorio, formado por los grandes intelectuales de la nación: Valle Inclán, Ortega y Gasset, Azorín, Pérez Galdós, Marañón…
En un espacio más íntimo y menos espectacular los padres leen cuentos en voz alta a sus hijos pequeños al pie de la cama. Los niños los beben como beben la leche. Los padres alimentan con magos, monstruos, piratas o hadas a unos lectores , que manifiestan satisfacción y placer. Con la lectura en voz alta de los cuentos clásicos , Pulgarcito, Pinocho, Peter Pan, Los tres cerditos, La Cenicienta, Caperucita roja … y los más actuales, los papás inventan un mundo. Aconsejo seguir practicando este deporte literario, para que los niños sigan soñando con nuevas historias, y los adultos no se hagan más aburridos como dice Paul Auster. Eficiente y eficaz actividad de Cristina Saraldi y Adriana Olmedo.
Enrique Iriso Lerga