Sanidad y solidaridad rural
Publicado el 31/07/2022 a las 08:15
Huyendo de la canícula postsanferminera, fuimos, Maite y yo, a pasar unos días al hotel Roncesvalles. La mala fortuna, unida quizá a la pérdida de agilidad que la edad te impone, hizo que sufriera un traspiés que me llevó a aterrizar sobre el pretil que separa la terraza de casa Sabina de la carretera, produciéndome una abrasión en el dorso de la mano y en brazo, codo y antebrazo, originando una notable hemorragia.
Soy un consumidor habitual de antiagregantes. Inmediatamente la encargada del establecimiento, usando los recursos a su alcance en el botiquín del local, intentó, sin el éxito deseado, retener las hemorragias. Vio que era necesario atención sanitaria urgente. Llamó a urgencias (112) requiriendo presencia sanitaria en el centro de salud de Burguete.
Eran las 21,30 horas del sábado 16. Mi mujer no conduce. Dijeron que en 15 minutos nos esperaban en el centro. La sra. de casa Sabina llamó a su marido que, con su niño, le esperaba a que saliera de trabajar, y le “ordenó” que nos bajara a Burguete. Allí ya nos esperaba el equipo médico, el doctor Ángel y la enfermera Amaya. Nuestro chófer dijo que esperaría a que terminaran de atenderme, pero el doctor le invitó a irse, que ya nos subiría él, como así sucedió.
Todo lo que pasó a continuación solo fueron atenciones por parte del personal del hotel, hasta el extremo de bajar a buscarnos en sus coches, después de la cura, ante la carencia de taxis en la zona en ese momento.
En resumen, y utilizando términos taurinos, gran ovación, vuelta al ruedo y salida a hombros por la puerta grande.
Un emocionado y agradecido reconocimiento .
José Antonio Murillo