Morir con las ovejas

Gerardo Castillo Ceballos

Publicado el 31/07/2022 a las 08:15

Quedan pocas personas que se dediquen al pastoreo de ovejas. Solamente la vocación evita la desaparición de este duro oficio, que exige largas jornadas de trabajo y sin fines de semana libres, porque las ovejas no lo entenderían. Uno de esos pastores era el zamorano Victoriano Antón que murió hace pocos días en un incendio junto a sus ovejas en su pueblo, Escober de Tábara. No es un incendio más de la ola actual, porque ha ocasionado la pérdida de algo mucho más valioso que bienes materiales: una vida humana, y, además, en unas circunstancias que estremecen. Este suceso no afecta sólo a los zamoranos. Cuando muere un hombre -sobre todo de esa forma - morimos todos los hombres. La humanidad es indivisible. ¿Por quién doblan las campanas?, preguntaba Hemingway. Las campanas doblan por ti y por mí. Por todos.

Victoriano fue un buen pastor. “El buen pastor da su vida por las ovejas” (Juan, 10-14). Una vez más la realidad supera a la imaginación. Victoriano venció el miedo a morir porque eran sus ovejas. Al igual que el buen pastor de la parábola, cuando las ovejas estaban en peligro no las abandonó a su suerte, sino que intento protegerlas y salvaras a riesgo de su propia vida. Lo hizo porque las conocía una a una y las amaba. Al igual que algunos otros pastores, Victoriano no tuvo la oportunidad de frecuentar la escuela; pero lo que le faltaba de instrucción lo suplió con una sabiduría que emanaba de los muchos años de soledad contemplando la naturaleza.

Hoy se necesitan testimonios de generosidad y sacrificio como el de Victoriano para estimular a quienes están sumidos en el conformismo. Las palabras no bastan. “Largo es el camino con preceptos; breve y eficaz con ejemplos” (Séneca).

En un mundo que se está deshumanizando a medida que el hombre pierde la capacidad de discernimiento entre el bien y el mal, urge promover “expertos en humanidad”, en expresión de san Juan Pablo II. Les corresponde conocer a fondo el corazón del hombre, acercándose a sus alegrías y sufrimientos, a sus angustiase incertidumbres, para poder así dar razón de una esperanza que le sostenga en el caminar de la vida.

Gerardo Castillo Ceballos

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