El martirio de San Fermín

Fidel García Martínez

Publicado el 16/07/2022 a las 08:18

El celo apostólico de San Fermín era infatigable; así se recuerda que predicó la verdad del Evangelio en la Picardía (francesa) y desde allí pasó a los Países Bajos. De vuelta a Galia, en Amiens, capital de aquella región, provocó, su infatigable celo, que fuese perseguido hasta encontrar una gloriosa muerte. El pretor de Amiens pagano, alarmado por el celo evangelizador de Fermín, decretó encerrarlo en dura prisión. Lo que provocó la indignación de los cristianos, la venganza del cruel pretor fue terrible: mandó cortar la cabeza del comprometido apóstol en la misma cárcel. Según las crónicas, la consternación de los cristianos fue tremenda y, Faustiniano, cristiano convertido por San Fermín, tuvo la osadía de rescatar el cuerpo decapitado para enterrarlo personalmente en una heredad propia y más tarde, con todo sigilo, trasladó los restos de aquel gran de devoto de María Santísima, como era Fermín, a una iglesia que el mismo obispo San Fermín había dedicado a la Santísima Virgen. Estos datos elementales son necesarios recordar en esto momentos de laicismo negativo y sectarismo. La devoción a San Fermín se fue extendiendo de forma admirables, hasta nuestros días, confirmada con prodigios asombrosos.

Fidel García Martínez

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