¿Muerte por inanición en el siglo XXI?

Jaione Ustárroz Sorbet

Publicado el 18/03/2022 a las 08:05

Escribo esta carta como hija de una enferma de Alzheimer. Con todo el dolor por haberla perdido hace poco a pesar de mis esfuerzos para que el equipo que la atendía le ofreciera las mismas oportunidades que a una persona sin esta enfermedad. Quiero que se sepa que estos enfermos, o al menos mi madre, no gozaron de las mismas opciones que el resto. Y tuve que escuchar que no le ponían una sonda de alimentación porque con ella no iban a mejorar “ni su nutrición ni su Alzheimer”. Insistían en que si hubiera tenido un Alzheimer de grado 4 en lugar de 7, sí que lo hubieran hecho. ¿Por qué esta diferencia de criterio? Para mí, era mi madre y la estaban dejando ir. Alimentamos a animales y plantas. ¿Y mi madre? ¿No se merecía probar al menos otra forma de nutrición? Mi madre era un ser “sintiente” que sonreía con cada gesto de cariño y de amabilidad hasta la víspera de fallecer. Que levantaba la cabeza al escuchar su nombre, se distraía viendo la tele y miraba con ojos expresivos a su familia. Porque para ella, la familia lo era todo. No tenía patologías cardiacas, respiratorias ni renales. Por eso, no entiendo ni entenderé por qué no estaba indicada para ella una sonda de alimentación ni un suero. ¡Lo pedí tantas veces! Pero siempre recibía la misma negativa. En septiembre de 2020, en un hospital de Pamplona la desahuciaron. Me dijeron entonces que se iría en cuestión de días porque no abría la boca para comer y decidieron ponerle morfina. Pero yo me negué. No quería que adelantaran su final. Tras el alta por riesgo de Covid, Ofelia - su cuidadora- y yo luchamos por alimentarla. Después de ese episodio, vivió año y medio. Dieciocho meses en los que, con mucha paciencia, conseguimos que tuviera sus cinco comidas diarias. Hasta que al final, ya no pudo comer y durante seis días no ingirió alimento alguno.

Algo debe cambiar en los protocolos de trato para los enfermos de Alzheimer. No ya por mi madre, porque ya nadie puede traerla conmigo, sino para que esta situación no se vuelva a repetir. Mi madre murió por inanición en pleno siglo XXI. Yo lo intenté, Dios sabe que sí. Pero los que debían haber puesto solución a su problema de deglución la dejaron ir. Viviremos con esta pena el resto de nuestras vidas. Era nuestro ángel. Te quiero con toda mi alma, mamá.

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