Jota punto erre punto
Publicado el 13/12/2021 a las 07:36
Será por deformación profesional o por lo que sea que siempre he empezado a leer las noticias de los periódicos fijándome en la firma. Porque quién la escribe forma parte de la noticia. Sería a finales de los años ochenta, comienzos de los noventa, cuando en casa ya ojeaba Diario de Navarra a primera hora de la mañana. Me detenía especialmente en una firma. También cuando caía el Marca en mis manos solía leerle. Era como un ser superior al que seguir y del que esperaba el pan diario sobre mi equipo.
Hoy en día, con las nuevas tecnologías, las redes sociales y demás inventos, desvirtualizar a un periodista radiofónico o de prensa escrita es cuestión de segundos. Pero entonces era prácticamente imposible. No recuerdo cómo lo imaginaba pero sí que lo recreaba en mi mente al leer sus crónicas, informaciones, entrevistas... Y cómo lo envidiaba. Escribir y sobre Osasuna en el Diario de Navarra. Viajar por España y Europa para contarlo. O desde El Sadar. Años después, estudié Periodismo en la Universidad de Navarra y en el verano de 2002 le conocí haciendo prácticas en este periódico. Era un tipo sencillo, normal, pero siempre inquieto y alerta. Al subirme a casa en coche descubrí, además, que vivíamos tan cerca que podría haberme cruzado con él decenas de veces. O no. Porque posiblemente estuviese en Tajonar, en algún desplazamiento, en El Sadar, o en la redacción... Llevaba el periodismo en sus venas y no satisfecho con haber visto y contado todos los partidos de los rojillos en El Sadar -y muchos en San Juan, como decía- siguió su labor periodística más allá de la jubilación con Navarrasport, un “medio nacional, no una web”, como solía corregirme.
Gracias a José Ignacio de Quesada pude compartir decenas de horas de tertulia en Radio Marca Navarra. Y post tertulias, casi más sabrosas. Auténticas lecciones de periodismo... hasta que Tere le llamaba o hasta que daba la hora de publicar la última noticia del día y se marchaba. Valía más por lo que callaba que por lo que contaba. Hace años, en una de esas conversaciones, le desvelé lo que cuento al comienzo de este texto: que desde pequeño admiraba y seguía a ese “jota punto erre punto”. Que pese a las erratas -que no faltas ortográficas- fue uno de los motivos para estudiar Periodismo. Socarrón, me lo ponía en duda. Pero sé que por dentro algo en él sonreía. Como en las decenas de fotos que llevo viendo desde que he sabido que ha fallecido. Siempre con una sonrisa. Se ha ido un enorme periodista, historia viva del deporte navarro y de Osasuna, que seguro sabrá reconocérselo. Pero, sobre todo, se ha ido un tipo entrañable y bueno. Descansa en paz y gracias por todo, Jesús Riaño.