San Francisco Javier, copatrono de Navarra

ENRIQUE IRISO LERGA

Publicado el 03/12/2021 a las 09:00

Miles y miles de personas veneran en la tierra al “Goencho sabaib” o señor de Goa, al “Padre Santo” de Malaca, al “Sabieru-san” de Japón, al “Apóstolo do Oriente” , al “Príncipe do Mar”, a San Francisco Xavier de Navarra.

El modelo acabado de jesuita, como le definió el P. Arrupe S.J., recorrió 120.000 km en sus correrías evangelizadoras. Ordenados en una línea, sus viajes hubieran dado 3 veces la vuelta a la tierra. Francisco murió a los 46 de edad y sólo empleó 10 años para la ejecución de sus prodigiosos trabajos. Es precisamente el tiempo que empleó Julio César para conquistar las Galias. Y el mismo que empleó Alejandro Magno para fundar su imperio. San Francisco Javier, sin más armas que su cruz, campanilla y breviario, llegó más allá que los sueños de Alejandro Magno (P.U.J). ¿Cómo era el Bienaventurado padre Francisco Xavier? Manoel Texeira S.J. le conoció personalmente, siendo novicio en el colegio San Pablo de Goa (1551-52) y testigo ocular de los hechos. El jesuita de Miranda do Douro (Portugal), al que Francisco le llamaba con ternura “o menino Texeira”, nos ha dejado esta semblanza: “Era nuestro Padre Maestro Francisco de estatura antes grande que pequeña , el rostro bien proporcionado, blanco y colorado, alegre y de muy buena gracia , los ojos negros, la frente larga, el cabello y barba negra, traía vestimenta pobre y limpia y la ropa suelta, sin manteo, ni otro algún vestido; que éste era el modo de vestir de los sacerdotes pobres de la India; y, cuando andaba, la levantaba un poco con entrembas manos. Iba casi siempre con los ojos puestos en el cielo , con cuya vista dicen que hallaba particular consuelo y alegría , como de patria a dónde pensaba ir, y así andaba con el rostro tan alegre e inflado, que causaba mucha alegría a todos los que le veían. Aconteció algunas veces algunos hermanos a hallarse tristes, más por medio de alegrarse el irle a ver. Era muy afable con los de fuera, alegre y familiar con los de casa, especialmente para con aquellos que entendía ser humildes y sencillos, y que de sí tenían poca opinión y estima; mas por el contrario se mostraba severo, grave, y algunos veces riguroso para con los altivos y que de si tenían gran concepto y opinión, a que se conociesen y humillasen; y así lo aconsejaba a los superiores lo hiciesen. Era hombre de poco comer; aunque por evitar la singularidad estando con otros, comía de todo lo que le ponían. Tenía muy particular cuidado de los enfermos, para con los cuales tenía mucha caridad … En esta su llegada a Goa fue visitado de mucha gente de aquella ciudad , por la mucha devoción y amor que todos le tenían, los cuales él recibía con mucha afabilidad y comedimiento, yéndolos (luego que le llamaban) a recibir y hablar; de manera que algunas veces dejó seis o siete veces de rezar una de las horas del breviario que había comenzado por ir a recibir y hablar a los que le venían a buscar. Y otras tantas veces la tornó a comenzar, con tanta devoción, como si hasta entonces hubiera estado en oración” .

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