Árboles y hombres
Publicado el 01/12/2021 a las 07:44
Leyendo las cartas últimamente publicadas sobre talas de árboles, consumadas unas, en perspectiva otras, he recordado que aún conservo un recorte de periódico de hace ya muchos años: se trata de un artículo de Antonio Muñoz Molina titulado “Triste Alhambra”. En él, el escritor confesaba su desconcierto y dolor cuando, en Granada, dando su paseo mañanero, descubrió que un olivar en el entorno de La Alhambra había desaparecido, viéndose sustituido por un aparcamiento para autobuses “para que turistas de barriga prominente y riñonera puedan acceder a La Alhambra con la misma comodidad que a un supermercado”. Recuerdo asimismo un hecho referido por José Saramago: su padre -de raíces campesinas y apenas formación- ,cuando supo que iba a morir, se acercó al pedazo de tierra que conservaba y procedió a dar un abrazo a manera de despedida a cada árbol. Y es que nuestra inclinación hacia ellos no está tan lejana de la que sentimos hacia nuestros allegados, y casi tanto debe extrañar el distanciamiento y la indiferencia en un caso como en otro.
Eduardo de Pablo Gallardo