La muerte para un cristiano
Publicado el 02/11/2021 a las 07:45
Con ocasión de la conmemoración de los Fieles Difuntos se están publicando estos días, en diferentes medios, muchas e interesantes cartas sobre el tema de la muerte, que tienen en común una idea: la muerte como fin de la vida temporal. En mi opinión es deseable completarlo con otra idea: la de la muerte como el principio de la vida intemporal o vida eterna. La muerte para un cristiano, como dice la canción, no es el final.
La muerte, en el hombre, es algo más que un fenómeno psicosomático, que puede homologarse con la muerte de otros seres vivos creados. En el hombre muere el cuerpo, pero no el espíritu. A la vida temporal le sucede la vida del más allá. Esta creencia ha sido común a todos los pueblos de la historia.
Aunque la muerte produzca miedo, rebeldía ante la pérdida tanto de la vida biológica como de la biográfica, repugnancia por instinto de conservación, etc, todo ello en el cristianismo es superable, porque su visión de la muerte -sin ignorar esas reacciones- las supera. Para el cristiano, la vida no es un paréntesis entre la nada y la nada. La vida no se pierde, se transforma. Lo que da entereza a un cristiano y le distingue de los demás es la esperanza. El ahora ha de estar en función del siempre y el trabajo del camino ha de concebirse en función de la meta. Debemos estar prevenidos ante dos errores frecuentes. Uno de ellos es instalarse cómodamente en la vida, haciendo del camino fin; el otro es obsesionarse con la vida eterna con un quietismo antivitalista, olvidando que es en la vida temporal, en el día a día, donde nos preparamos para aprobar cuando seamos examinados en el amor.
Gerardo Castillo Ceballos