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El taxista de Huesca

  • Daniel Bidaurreta Olza
Publicado el 24/10/2021 a las 09:19
En mi libro “Viaje a la Sierra de Guara”, editado en 1996, se cuenta que su protagonista coge un taxi al túnel de La Manzaneda para continuar desde allí, andando, hasta Rodellar. Durante el trayecto el taxista y su cliente charlan distendidamente de esto y de aquello. El taxista, un hombre extrovertido, parece contento de su oficio y de su ciudad, asegura que por Huesca, a diferencia de su cuñado, que se dedica al mismo oficio en Barcelona, se puede andar a cualquier hora del día y de la noche con toda despreocupación, donde a ningún taxista le han dado jamás un susto. Para este hombre, y para la mayoría social, no había nada como la tranquilidad y el trabajo, y que a la gente la dejen en paz para dedicarse a lo suyo. Pero por alguna extraña asociación de ideas, sabiendo que su cliente es navarro, se le ocurre preguntarle sobre algo desagradable: el terrorismo etarra, que cómo van las cosas “por allá arriba”. “Esos de la E.T.A. -afirma el hombre, muy convencido- , sí que no tienen perdón de Dios, porque mire usted las barbaridades que están haciendo. Ellos sabrán si tienen algo que reclamar, pero que no van a sacar nada en limpio por ahí, eso fijo, ya se lo digo yo desde ahora mismo”.
Han pasado más de 25 años desde entonces, y las previsiones de aquel hombre sencillo, pleno de sentido común, sin grandes conocimientos de política, se han cumplido del todo. Efectivamente, lo único que se ha sacado tras años de terror ha sido sangre, dolor y lágrimas en unos tiempos en que, si ahora padecemos de unos virus que andan sueltos en el aire y mandan gente al hospital y al cementerio, entonces había también otros aún más peligrosos que terminaban instalándose en algunas cabezas, generalmente las poco amuebladas, por los que personas normales, dedicadas a vivir como todo el mundo, se volvían asesinas, matando directamente o bien aplaudiendo a los que mataban. Era una situación que ya terminó, pero parece que no del todo porque aún hay, al día de hoy, quien pretende justificar aquella sinrazón absolviendo a los asesinos y negándose a pedir perdón. Pero seamos optimistas, a lo mejor dentro de unos cincuenta años terminan dándose cuenta, aunque uno, a su edad, no lo va a conocer.
Daniel Bidaurreta Olza
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