Una gota de realidad socio-lingüística
Publicado el 15/10/2021 a las 07:51
Asistimos estos días a un intenso rifi-rafe político a raíz de la convocatoria de la OPE para el colectivo de Enfermería. Cada uno de los partidos políticos defiende sus posiciones y leo como la señora Barcos va a pedir que se reformule la OPE porque el conocimiento del euskera no amerita en la convocatoria de 424 plazas publicada esta semana. Apela a que esto “no satisface a la realidad sociolingüística de Navarra y sobre todo a los derechos de hombres y mujeres que son el futuro”, y refiere “una población en la que sociológicamente el 25% de los jóvenes -conoce el euskera-, personas con estudios universitarios”. Otros líderes políticos califican el hecho de “locura política” y de “barbaridad”. Sabido es que cada uno juzga la realidad desde su atalaya y queda patente aquello de que “en este mundo traidor/ todo es según el color/ del cristal con que se mira”. Por ello me veo impulsado a escribir estas letras: para dejar constancia de un hecho reciente que creo aporta color a este debate. He tenido conocimiento cercano de el desarrollo de la OPE para la provisión de 4 plazas de odontólogo para Osasunbidea (no son tantas como las de enfermería y por eso no trascienden a la tribuna política, pero para muestra basta un botón). En esta convocatoria el euskera tampoco ameritó en la zona mixta, pero algún mecanismo que desconozco, una de las cuatro plazas salió con requisito de euskera: esto es, para la toma de posesión de la plaza es necesario acreditar nivel avanzado en el dominio del idioma. Ha habido 6 aprobadas en el proceso de oposición, pero ninguna de ellas reúne el requisito de euskera. ¿Y saben qué? ¡Pásmense! Esta plaza quedará desierta, con lo que ello supone de merma para el servicio público y de menoscabo personal para las esforzadas opositoras (lejos quedan los días en que se aplaudía al personal sanitario desde las ventanas). Pero vayamos a lo general, que es lo que me interesa poner de relieve en este momento para ayudar a los políticos a matizar el color de su mirada y pregunto: ¿de verdad creemos que la defensa del euskera pasa por poner cortapisas al 75 % de los jóvenes de Navarra?, ¿no son ellos también el futuro?, ¿tendremos las mejores oportunidades de captar talento si no vigilamos que estos desatinos no se produzcan?, ¿tiene sentido exigir el dominio del euskera en el personal sanitario y tantos otros puestos de carácter técnico dentro de la función pública?, ¿no va a perjudicar esto la prestación de servicios tal y como va nuestra demografía?
Sinceramente creo que el cambio sociolingüístico de que nos hablan es por propia naturaleza paulatino y tiene su propio reloj. Sin duda tomará generaciones. Ignoro por qué mi abuela decidió un día dejar de hablar euskera y cortó la cadena lingüística y no sé si nuestros nietos apostarán decididamente por las ventajas de su uso. Mientras tanto quizás hagamos mejor afanándonos en resolver nuestros problemas cotidianos y afianzar nuestro frágil bienestar o tendremos que colgar el cartel, aparentemente chistoso, que los ingleses han puesto en las gasolineras para tomarse la cola con humor (Si votaste Brexit, ponte al final de la cola). Así pues señores políticos, ¡a la faena! Que hay mucha.